martes, 3 de enero de 2017

10 de las más crueles torturas que usó la iglesia católica contra mujeres y no creyentes

EL CIUDADANO 2 AUGUST 18:08 #TENDENCIAS Durante la oscura época cuando la máxima autoridad era el Tribunal de la Santa Inquisición los asesinatos de masa se hicieron tan populares que la perversión y la malignidad reino en todo el mundo conocido gracias la la Iglesia Católica. A siglos después de tan barbáricas conductas, los libros de historia se sonrojan contando la gravedad de las matanzas y la horripilancia de la crueldad humana registrada. La ignorancia y el llamado oscurantismo fue lo que trajo la sombra de la luz de Cristo, cubriendo al mundo de dolor, temor y congoja. A lo largo de tal sangriento período las mujeres y aquellos que no concordaban con las creencias cristianas católicas fueron sometidos a las actos más innombrables de laceración, acusados de ser sirvientes del demonio tan sólo por pensar diferente o simplemente por simple capricho eclesiástico. En el siguiente video podrás conocer las 10 torturas más graves efectuadas por la iglesia católica a todas las ovejas descarriadas del Señor

Modelos matemáticos del cosmos de los indígenas mayas precolombinos

Alejandro Jaen Rojas Universidad Estatal a Distancia Introducción Muchas son las investigaciones que se han realizado sobre el arte, la cultura o las ciudades de la civilización maya precolombina. En muchos de esos estudios se ha puesto de manifiesto que los mayas llegaron a tener grandes conocimientos en astronomía y definían con extraordinaria precisión los momentos en que tenían lugar los solsticios, los equinoccios y los eclipses. Incluso, los estudios del códice de Dresde han demostrado que habían aprendido a llevar los cómputos exactos del planeta Venus durante varios cientos de años. Sabemos por ejemplo que utilizaban un sistema en base 20 y que, posiblemente tratando de unificar el sistema numérico con el sistema calendárico, lo modificaron y utilizaron un segundo sistema de numeración exclusivo para llevar los cómputos del tiempo. Sabemos también que no usaron 20 números sino solo tres y que con esos tres podían escribir todas las cifras. Eso números son el 1, el 5 y el cero. Sin embargo cuando tratamos de conocer los métodos o las técnicas que utilizaron los indígenas para realizar lo que con frecuencia se llama" las grandes proesas de los astrónomos mayas" nos encontramos con grandes barreras. No sabemos, por ejemplo, que símbolo usaron para representar los números al cuadrado o al cubo y si utilizaron algún símbolo para expresar las incógnitas. Tampoco sabemos si desarrollaron un sistema similar al álgebra. Aún quedan cientos de símbolos mayas sin descifrar y, tal vez, entre ellos se encuentra la clave a muchas de nuestras interrogantes. Ignoramos cosas tan elementales como el nombre de sus grandes matemáticos o sus astrónomos, los libros o los teoremas que dejaron y casi la totalidad de los problemas que se plantearon. Así, es más lo que ignoramos que lo que sabemos, realmente la conquista y colonización provocaron una ruptura brutal en términos de acceso al conocimiento del pueblo maya. De esa gran civilización sólo sobrevivieron cinco de sus libros. Nuestro trabajo tiene como objetivo central explorar otras vías para tratar de encontrar los caminos hacia los conocimientos matemáticos de estos pueblos. No vamos a trabajar sobre los códices, que han sido una de las fuentes primarias de mayor importancia para los investigadores, sino que vamos a iniciar un trabajo guiándonos por las historias míticas y por una serie de pequeños indicios de antiguas técnicas que han quedado regadas en Mesoamérica a lo largo y ancho de cinco siglos. Sobre todo nos centraremos en el análisis de diseños geométricos que son comunes a muchos de los indígenas precolombinos de todo el continente americano. La historia mítica Con gran frecuencia los mitos de los pueblos indígenas de América fueron interpretados como sinónimo de leyenda. Es decir, un relato, hermoso tal vez, pero sin valor. Los conquistadores vieron en los mitos curiosos relatos llenos de supersticiones y dioses falsos. Con gran frecuencia los prohibieron. Sin embargo, en las tradiciones indígenas los mitos son la base de su sistema de enseñanza-aprendizaje. Literalmente, en los pueblos indígenas, la gente aprende con mitos que consideran su historia real. Lo más preciado de sus conocimientos lo guardaban en forma de mitos y habían desarrollado ingeniosos sistemas para preservar los conocimientos. La tradición oral ha demostrado la capacidad de guardar conocimientos con gran precisión durante varios cientos de años. Basándonos en diversos mitos trataremos de reconstruir hasta donde nos sea posible los modelos del cosmos según los mayas. La astronomía a simple vista Los mayas, como muchos otros pueblos a lo largo de la historia se dedicaron a la observación del cielo nocturno. Es difícil aventurarnos a determinar fechas exactas en las cuales se iniciaron como verdaderos astrónomos. Sin embargo, sí podemos decir con claridad que la observación rigurosa del movimiento de los planetas era común entre los pueblos mayas antes de la era cristiana. Según el Pop -Wuj, el libro sagrado de los mayas, mejor conocido como el Popol Vuh, en un tiempo primigenio sus grandes sabios dividieron el cielo en cuatro grandes regiones a las que llamaron los cuatro confines del Universo. Esa división del cielo la podemos expresar como un simple cuadrado al que una línea horizontal y una vertical parten en cuatro. Dentro del cuadrado se inscribe un círculo. Figura 1: Mapa del cielo 1 Cada sector estaba asociado a un punto cardinal. Es interesante ver como incluso en la actualidad muchas danzas ceremoniales mayas empiezan por hacer el círculo y dividirlo en cuatro sectores. Para diferenciar cada región le otorgaron un color diferente. Blanco para el norte, amarillo para el sur, rojo para el este y negro para el oeste. Ese fue el modelo más sencillo de división del cielo que se plantearon en los albores de la astronomía. Un cielo cuadriculado Para llevar cómputos más precisos de los movimientos de los planetas, el sol y la luna cuadricularon el cielo. Las cuadrículas del cielo se realizan mediante un proceso muy sencillo y rudimentario pero muy eficaz. Simplemente cogían una hamaca la estiraban, la colocaban contra el cielo nocturno y ya tenían un cielo cuadriculado. Luego veremos como es proceso se profundiza utilizando otros recursos. Figura 2: Mapa del cielo 2 La Casa del Mecate Las escuelas de enseñanza superior entre los Aztecas, lo que vendría a ser, guardando las distancias, como nuestras universidades, fueron llamadas Calmecatl (cal = casa mecatl = mecate o cuerda). Extraño nombre para una escuela de enseñanza superior. Sin embargo, es precisamente allí donde radica una parte esencial de sus conocimientos. Para todos los pueblos empeñados en tirar conocimientos de las estrellas, el cielo nocturno no solo produjo una gran fascinación sino también innumerables problemas. ¿Cómo se movía el sol? ¿Cómo se movía la luna? ¿Cómo se movían esa cinco extrañísimas estrellas que no eran fijas? ¿Por qué no eran fijas? Todos los pueblos de astrónomos se enfrentaron a los mismos y complejos dilemas y con frecuencia pasaron mucho tiempo empeñados en resolverlos. Los Mayas (y los Aztecas luego) no serían la excepción. Enfrentados a los mismo retos, sin embargo, le dieron una solución muy original a los conflictos. Para observar el cielo con la mayor rigurosidad aplicaron las técnicas y las artes que habían aprendido en otra disciplina del conocimiento en la cual tenían gran desarrollo. Recurrieron a su conocimiento en la fabricación de telas. Los métodos y las técnicas desarrollados en los telares fueron llevados a la astronomía. Literalmente tramaron el cielo como si se tratara de una urdimbre. La casa del Mecate, Calmecatl es precisamente eso. El lugar donde se aprendían las artes de la astronomía jugando con mecates, con cuerdas, con hilos. Tenemos entonces, un pueblo que, posiblemente varios siglos antes de cristo ya utilizaba matrices para aplicarlas a desentrañar los misterios del tiempo y del cielo. Pero una matriz por si sola sigue siendo un espacio abierto, donde cada espacio es idéntico al otro, donde no hay diferenciación y por lo tanto los errores a la hora de registrar fenómenos celestes pueden ser corrientes. Es probable que la experiencia de trabajo en los telares, donde encontramos los mismos problemas permitió aportar una solución a ese conflicto. Una curiosa observación El uso de matrices los llevó a realizar un hallazgo que tuvo una enorme repercusión en el mundo maya. Descubrieron que al expresar los números en forma de pirámides se facilitaban enormemente los cómputos. El cielo seguía viéndose como una trama donde la base de la pirámide representaba el horizonte. Figura 3: Mapa del cielo 3 La observación era muy simple y sin embargo tenía un gran potencial de desarrollo. Simplemente habían descubierto que al expresar los números en forma de pirámides estos se ordenaban de arriba hacia abajo mediante una secuencia de números impares. Al descender de la cúspide de la pirámide escalonada contamos en las filas 1,3,5,7,9...etc. Este sistema permitía también crear un cielo con espacios diferenciados, ordenados en cierta lógica que permitía subdividir el espacio. Esta misma idea aparece en los versos de Goethe cuando dice: "Para encontrarte en lo infinito has de diferenciar para luego juntar". También con el mismo sentido aparece en el I Ching, el libro sagrado de la cultura China. De lo impar a lo cuadrado Si contamos en las filas, la pirámide era una representación de los números impares, pero debió haberles llamado la atención saber que si contamos los números impares acumulados obtenemos los números al cuadrado. Como lo decíamos anteriormente, aún no conocemos el símbolo que utilizaron (si es que lo hicieron) para expresar los números al cuadrado. Sin embargo si contamos con una voluminosa información sobre números al cuadrado expresados en forma de pirámides. Es precisamente en las telas donde se guarda la información y esta tradición sobrevive hasta la actualidad. Figura 4 Si contamos, en la anterior figura, los espacios de la pirámide en forma acumulativa, de arriba hacia abajo obtenemos números al cuadrado. Números pares No todas las pirámides expresaban los números impares. Muy pronto deben haber descubierto la forma de expresar los números pares. Ese es sin duda un conocimiento que viene de la escuela de los telares. Tanto en la forma de preparar la urdimbre como en el uso de los telares de palitos, que son los más tradicionales, nos encontramos los juegos entre lo par y lo impar. Las investigaciones sobre las formas de tejer lo expresan con la mayor claridad: "Cuando se procede a ejecutar un tejido sencillo, del tipo uno arriba, uno abajo, no existen sino dos posibilidades: los elementos impares se encuentran arriba y los pares abajo, proveyendo de esta manera un espacio entre las dos capas de hilos, para el paso de la bobina" Todo lo relativo a las informaciones sobre las formas de tejer está inmerso dentro de las relaciones entre lo par y lo impar. Es legendaria incluso en la actualidad la extraordinaria maestría de las tejedoras guatemaltecas. Muchos museos en todo el mundo guardan las telas mayas como obras de arte. Volviendo a nuestro asunto, tenemos que los números pares también aparecen como un diseño piramidal. En las filas contamos 2,4,6,8,10...etc. De esta manera tenemos ya expresados de manera gráfica los números pares y los números impares. Tanto para los tejedores como para los astrónomos se abría un campo de grandes posibilidades. En ambas disciplinas es preciso desarrollar diversos sistemas de cómputo para ubicarse en el espacio con facilidad. Para los tejedores el problema es como contar para ubicar los hilos de colores con exactitud. Para los astrónomos el problema era el como contar para seguir la ruta de los planetas. Figura 5: Mapa parcial del cielo expresado como una pirámide escalonada par. La suma de los números pares acumulados podemos expresarlos en términos algebraicos como x^2 + x. La acumulada es muy importante para determinar con facilidad un lugar preciso en el espacio. Dentro de la pirámide un planeta podía ubicarse con facilidad en 5^2 + 5 +3 y ese es un lugar exacto. Luego los mayas desarrollarían ingeniosos sistemas de notación que aun no han sido explorados en su totalidad. Sobre números pares e impares aparece una copiosa información en la cerámica, los glifos y las telas. Las relaciones entre lo par y lo impar nos conduce a la construcción y percepción de sistemas binarios. En el escenario de los telares esa forma de percepción es algo cotidiano, es parte del trajín diario en la confección de las telas. Figura 6: La mitad del cielo La suma de lo par y 10 impar se convirtió en la representación de la mitad del cielo. Eso significa que lo que en determinado momento se vio como un espacio cuadrado (segundo mapa del cielo) podía representarse en forma piramidal guardando los valores originales o expresando nuevos valores. La figura, corresponde al plano de la mitad del cielo con pirámide par e impar, algebraicamente podemos expresarlo como 2x^2 + x. Desde el punto de vista simbólico, que en la cultura maya era de gran importancia, lo par y lo impar se convirtió en la expresión de los dos elementos o energías que conforman la dualidad. La dualidad se expresa con los dos elementos de un sistema de significados polivalentes: par-impar, noche-día, bajo-alto, luna-sol, oscuro-luminoso, femenino-masculino, etc. En determinado momento lo par se puede convertir en impar y viceversa, depende de la perspectiva desde la que se mire el objeto de estudio. Pero en términos de construcción del espacio, la dualidad solo es la mitad de la información que requerimos. El cielo La totalidad del espacio, del cosmos, se forma por la reiteración de los dos elementos de la dualidad que se expresan en la trama. Al reiterar lo par y lo impar logramos un cielo perfectamente ordenado, dividido, medible. Lo par que se expresa abajo, se reitera arriba pero invertido. Es, si se quiere, una visión especular, es como el reflejo de los espejos. Lo impar que se expresa a uno de los lados se reitera también como la prolongación de una imagen en la visión especular. En este cielo perfectamente ordenado, medible es posible desarrollar y fortalecer el trabajo de los astrónomos con gran precisión. Todo el cielo (excluyendo las diagonales) podemos expresarlo mediante una simple fórmula matemática: 4x^2+2x. Norte Sur Figura 7 Las diagonales fueron excluidas precisamente porque las consideramos una expresión del cero, y en este modelo solo nos sirven como guías en los cómputos. Pero eso es solo un recurso, una especie de herramienta para facilitar los cómputos, para expresar el orden entre lo par y lo impar. Perfectamente pueden contarse como parte del espacio o tratarse como un espacio particular. Como espacio particular sirve de guía para contar los números al cuadrado. En una pirámide impar basta contar los escalones y elevar el número al cuadrado para saber cuantos espacios tenemos en esa pirámide. Una nueva perspectiva Debe observarse que nuestro modelo del cosmos es una pirámide escalonada vista desde arriba. Entonces, podemos formular la siguiente hipótesis: Las pirámides escalonadas son la expresión arquitectónica de un modelo del cosmos. Las diversas pirámides tendrían entonces que responder a diversos tipos de conocimientos. Ese es un trabajo que de manera más exhaustiva tendríamos que realizarse en las diversas pirámides. Para obtener volúmenes piramidales nos basta con elevar al cuadrado las informaciones que sacamos de los triángulos piramidales. Debe observarse como al reiterar lo par y lo impar hemos regresado a nuestro primer modelo dividido en cuatro regiones, solo que ahora hemos ganado en profundidad porque aparece en sistemas escalonados donde cada espacio de la matriz puede tener un valor determinado, específico. Esta forma de expresión aparece con gran frecuencia en las historias míticas cuando dicen que un astro "bajó de la pirámide" o "subió a la pirámide". También se expresa con los personajes que constantemente viajan a los mundos de abajo o los mundos de arriba. Al personificar los planetas y los conocimientos lograban un manejo cotidiano de las informaciones. Espacio y tiempo Un modelo arquitectónico del cosmos significa entre otras cosas, que los pueblos mesoamericanos comprendieron las dimensiones espacio- tiempo como una unidad. Los días no solo fueron concebidos como paso del tiempo sino también en su dimensión espacial. Para hablar de espacio y tiempo diversos pueblos mesoamericanos tienen una sola palabra. Por ejemplo, los indígenas bribri de la actualidad, al sur de Costa Rica utilizan la palabra: "Kö". Que significa de manera indistinta tiempo y espacio. La creación de los calendarios Los calendarios en mesoamérica no surgen sólo como una expresión de manejo y ordenamiento del tiempo sino también como un manejo del espacio. Figura 8: Representación gráfica de los trece cielos Según la historia mítica maya existían trece cielos. Nuestro trabajo nos impulsaba a creer que los mayas habían visto el cielo como una pirámide escalonada. Al construir la pirámide de trece cielos en forma escalonada nos encontramos con 182 espacios. Cada espacio representa un día. Al dividir la pirámide en dos logramos establecer una relación más estrecha con los sistemas calendáricos. En diversas culturas los grupos de 91 días fueron muy utilizados. Representa una estación del año. Figura 9: Los trece niveles del cielo dividido en dos secciones de 91 días Dentro de la tradición mítica el cielo no aparece solo sino que debajo del cielo está el espacio del inframundo. Esa hipótesis la reafirma la investigación de Leon Portilla sobre los mayas. También la fortalecía la investigación que Alfredo González y Fernando González realizaron sobre la construcción de las viviendas de los indígenas Bribri en Costa Rica. Las cuatro estaciones Al agregar el espacio del inframundo al modelo anterior logramos formar nuestro primer calendario. Lo que anteriormente habíamos llamado los trece cielos, tiene su reflejo en una visión especular y se expresa abajo, invertido. De esta manera contamos con cuatro sectores de 91 espacios. A esos sectores les llamaremos triángulos piramidales. Si los 91 espacios de cada triángulo los asociamos a los días tenemos 91 x 4 = 364 días. Nuestro modelo es un calendario que cuenta 13 lunas de 28 días cada una. Es decir, es un calendario lunar. (ver Figura 10) Figura 10 La historia de los soles Con el afán de profundizar en las historias míticas para extraer de ellas sus conocimientos calendáricos, repetimos nuestro modelo anterior pero eliminando los espacios centrales que están en blanco. De esta manera formamos lo que llamamos el rombo piramidal que se compone de trece niveles hacia arriba y lo que vendría a ser su reflejo, su visión especular, con trece niveles hacia abajo. En la cuadricula total contamos 676 espacios y el sector de la cuadrícula que está en blanco cuenta con 312 espacios. En el centro tenemos el rombo piramidal con 364 espacios. Esa es precisamente la información que se encuentra en la historia de los soles de los mayas y los aztecas. Es una de sus historias más importantes. Ellos pensaban que el sol moría cada cierto tiempo y que luego se iniciaba un nuevo sol, una nueva época. Contaron cuatro soles diferentes: El primer sol duró 676 años (es la cuadrícula total) El segundo sol duró 364 años (es el rombo piramidal) El tercer sol duró 312 años (es el espacio en blanco de la cuadrícula) El cuarto sol duró 676 años (cuadrícula total) Vemos entonces como en la historia mítica se nos dan elementos importantes para tratar de reconstruir el camino que ellos siguieron en la construcción de sus calendarios. Tenemos literalmente la historia de los soles convertida en un gráfico matemático. Podemos notar un cambio sustancial con respecto al paso del tiempo. En nuestro análisis habíamos contado los espacios como días mientras que en la historia de los soles cada espacio es un año. Con gran frecuencia en todo los conocimientos indígenas nos encontramos con estos sentidos polivalentes. El calendario azteca La historia de los soles fue representada de manera magistral en el centro del calendario azteca. Los cuatro personajes que se encuentran inscritos en cuadrados justo a los lados de la cara central representan los cuatro soles. El calendario azteca es también un modelo del cosmos, donde cuentan el anillo de los meses, los anillos correspondientes a los planetas y al final las dos serpientes exteriores que representan la vía láctea. Figura 11 Entre calendarios y grecas La información de carácter calendárica o astronómica se presenta de las formas más variadas. Tal vez ese ha sido uno de los grandes impedimentos para poder abordar los problemas relativos a la matemática de los indígenas precolombinos. Veamos un ejemplo: la Figura 10, Rombo piramidal dividido en cuatro sectores de 91 días. Cuenta 364 días. Esa misma información relativa al rombo piramidal se encuentra con gran frecuencia expresada de otras formas. Por ejemplo, podemos expresarla en forma de grecas. Figura 12 Esta es otra forma de expresar lo relativo al calendario de 364 días. Arriba contamos 49 días mientras que abajo contamos 42 días. 49 +42 = 91 Figura 13 Eso quiere decir que en cada franja contamos 182 días para un total de 364 días. Hemos representado de otra forma gráfica el calendario que habíamos analizado en la historia de los soles. Esta forma es también la forma por excelencia para realizar lecturas en los códices precolombinos. Esa misma información aparece expresada de manera muy clara en las pirámides. Por ejemplo, la pirámide conocida como El Castillo en Chichen Itza, en la península de Yucatán tiene cuatro cuerpos de gradas con 91 gradas cada uno. Es decir cuenta 364 gradas. Conclusión Vemos como al utilizar los diseños tradicionales que los indígenas realizaban (y siguen realizando) en sus telas y cerámicas podemos avanzar en la búsqueda de sus calendarios, sus modelos del cosmos y conocimientos matemáticos. De gran ayuda fue también el contemplar su historia mítica como sistema de enseñanza aprendizaje y no como una fábula sin importancia. En este estudio no hemos hecho más que esbozar el tema con el afán de abrir el debate sobre el asunto. Referencias: Wilhelm Richard. I Ching. El libro de las Mutaciones. Editorial Hennes. México D.F. 1986. Pág.126 Oneale Lila M. Tejidos de los Altiplanos de Guatemala. Ed. José de Pineda Ibarra. Segunda Edición.Tomo I. Guatemala. 1979. González Alfredo y González Fernando. La Casa Cósmica Talarnanqueña - Ed. EUNED. San José Costa Rica. 1989.

Víctimas de sacrificio en el recinto sagrado de Tenochtitlan

Ximena Chávez Balderas, Raúl Barrera Rodríguez y María García Velasco Uno de los cuestionamientos más frecuentes al hablar sobre el tema del sacrificio humano en Tenochtitlan es la cantidad de víctimas que eran inmoladas en las ceremonias del recinto sagrado. Si bien es claro que muchos de los rituales donde se privaba de la vida a cautivos y esclavos se llevaban a cabo en el Templo Mayor, éste no era el lugar donde se solían enterrar sus restos mortales. Por el contrario, en este edificio se inhumaban principalmente cabezas cercenadas como parte de ceremonias de consagración e inauguración. Además, algunos cráneos fueron reutilizados para manufacturar efigies de deidades que se colocaban en las ofrendas. Producto de las excavaciones en este templo se han contabilizado un total de 153 individuos que muestran evidencia de haber sido inmolados o con huellas correspondientes a tratamientos post-sacrificiales. Gracias a los trabajos de excavación del Proyecto Templo Mayor y del Programa de Arqueología Urbana tanto en la Plaza Oeste como en otros edificios del recinto sagrado, es posible conocer más sobre el sacrificio humano. En efecto, la mayor evidencia de esta práctica se encuentra al pie del Templo Mayor y hacia el poniente, asociada a la plaza, el Cuauhxicalco, el Calmécac, el Juego de Pelota y, por supuesto, el Tzompantli. La estrecha colaboración entre ambos proyectos ha permitido estandarizar algunas metodologías de excavación y registro. Así, se cuenta con un plan para calcular el número mínimo de individuos a partir del registro de puntos anatómicos en restos fragmentarios y tomando en cuenta las relaciones estratigráficas de los contextos estudiados. Esta tarea conjunta ha permitido contabilizar hasta el momento 519 individuos, recuperados en las ofrendas y los rellenos constructivos de esta extensa área del recinto sagrado, incluyendo el Templo Mayor. Éstos habrían sido inhumados en un lapso de aproximadamente 80 años, correspondientes a la historia expansionista mexica. Aunque faltan varios contextos por cuantificar, esto nos permite confirmar que si bien el sacrificio humano existió, las cifras de decenas de miles de víctimas anuales que mencionan algunos de los cronistas que siguen la tradición de la Crónica X están lejos de ser veraces. Futuras excavaciones, como las que se llevan en el huei tzompantli tenochca, traerán importantes datos sobre esta práctica ritual. Noticia publicada en Arqueología Mexicana núm. 143, p. 8.

El toloache o yerba del diablo

Los indios del Norte de México y el sur de Estados Unidos utilizaron la datura o toloache como medicina y medio para diagnosticar enfermedades y tener visiones, como amuleto para ganar apuestas, como auxiliar en la cacería y en las ceremonias iniciáticas de los jóvenes de ambos sexos. El uso generalizado del toloache como planta ritual se observa en casi todos los grupos étnicos del Norte de México y en tribus del sur de California: cahuillas, cupeños, paipai y kumiai. Para los seris, la datura se cuenta entre las primeras plantas creadas; es sobrenatural y posee un espíritu invisible, como las otras plantas primigenias. Se utiliza para manipular el clima, hacer limpias y fetiches o curar algunas dolencias. Los chamanes oh’dam (pimas) de Sonora y Arizona usan el toloache para tener visiones y ayudar a los cazadores a encontrar su presa. Los huicholes cuentan que kieri, el toloache, es el contrario de jíkuri, el peyote; en una lucha mitológica, el peyote lo vence. Si bien el kieri se usa menos que el jíkuri, siempre ha sido poderoso aliado de músicos y de algunos mara'kames; casi siempre el consumo del peyote y la datura son excluyentes. Los tepehuanos consideran al toloache como el esposo de la mujer maíz y yerno del Sol. Tuvo dos amantes y se le castigó haciéndole bajar la cabeza y ordenándole cumplir los deseos y caprichos de quienes solicitaran sus servicios; el toloache es una de las plantas más utilizadas en los amuletos para enamorar. El uso anterior le acerca al más conocido de esta planta hoy en día en otras regiones de México, donde se les da a hurtadillas a las víctimas, que se enamoran, enloquecen y atontan. Ceremonia de iniciación. Las muchachas púberes eran iniciadas en una ceremonia pública bastante parecida entre los grupos de una amplia región californiana, donde se les enseñaba cómo cumplir con el rol tradicional de madres y mujeres que les correspondía, y se hacía un ritual donde se les "asaba" en un horno. Se les presentaba entonces la mitología de su gente a través de representaciones pintadas en arena; éstas se reproducían en sus caras y también se ven en pictografías de La Rumorosa y Anza Borrego Park, a ambos lados de la frontera norte. Delfina Cuero, india cahuilla nacida hacia 1860, narra en su Autobiografía: La abuela me había contado lo que hacían a las mujeres cuando estaban por convertirse en mujeres ... me contó que cavaban un agujero y lo llenaban de arena caliente, allí metían a la muchacha. Nadie podía hablar de estas cosas, se narraba en las canciones y en los mitos que sólo se decían en la ceremonia ... se aprendía cómo ser buena esposa, cómo tener hijos, cómo criarlos .. . La ceremonia se hacía en un sitio especial, que se purificaba antes con tabaco sagrado. Se les pintaba la cara y se les cubría la cabeza con un canasto, para hacerlas buenas tejedoras de cestas. Delfina fue “asada” durante cuatro días y tres noches y aprendió los cantos. Dos piedras calientes le fueron colocadas en el vientre y entre las piernas, para prevenir los cólicos menstruales y facilitar sus futuros partos. En un círculo hecho de piedras que representaban a la Osa Mayor, le contaron los mitos del espíritu de las montañas y los primeros animales creadores. Tras la velación, solía hacerse una carrera: "Mujeres y niñas terminan la ceremonia con una carrera. Llegan hasta la cumbre de un cerro y allí, la mujer del jefe les pinta la cara con diseños en rojo, blanco y negro y con la misma pintura decora las piedras". Los muchachos eran iniciados entre los nueve y los catorce años, en una ceremonia pública semejante a la de las jóvenes; además, tenían ceremonias nocturnas: allí tomaban un té hecho de semillas secas de datura, molidas en un mortero usado solamente para este fin. Se les llevaba a un cañón apartado donde se les enseñaban entonces sus obligaciones como hombres, jefes y proveedores: allí aprendían los cantos, historia y mitología de los antiguos. Apartados e intoxicados, las visiones que tendrían determinaban el destino y papel que cumplirían entre su gente. Los chamanes recibían en ese momento su llamado y eran los únicos que volvían a tomar el té. La ceremonia recibió el nombre de manet, “hacer hablar al pasto” en kumiai. Inconscientes y desnudos tenían visiones de su espíritu tutelar y otros seres de su mitología. Tras su muerte ritual, rodaban encima de hormigueros para adquirir tenacidad, resistencia y poder sobre los enemigos. Seguía el ritual de pintar rocas, que se asociaba siempre a estas visiones, y los elegidos entre ellos eran llevados a las rocas observatorio, donde más tarde se retirarían para poder llevar la cuenta del tiempo y poder predecir el clima. Por último, se terminaba con la ceremonia del fuego. La yerba del diablo, como la llamaban los españoles, les daba una tolerancia que les permitía acercarse a las hogueras, brincar sobre la lumbre o caminar sobre las brasas, haciéndolos aliados del fuego. Elisa Ramírez

La muerte de Cuauhtémoc: ¿conspiración o pretexto?

Eduardo Matos Moctezuma ¿Hubo realmente una conspiración indígena para matar a los españoles o fue un pretexto para deshacerse de los dirigentes mexicas? Para tratar de dilucidar el asunto veremos tanto la versión española (Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo) como la indígena (Chimalpahin y Fernando Alvarado Tezozómoc). “¡Oh, Malinche, días hacía que yo tenía entendido que esta muerte me habías de dar y había conocido tus falsas palabras, porque me matas sin justicia! Dios te las demande, pues yo no me la di cuando a ti me entregué en mi ciudad de México” (Díaz del Castillo, 1953, p. 247). Estas palabras de Cuauhtémoc poco antes de ser ahorcado por órdenes de Hernán Cortés llaman a una reflexión profunda. Por un lado, el joven tlatoani tenía algunas evidencias de que el capitán español quería deshacerse de él y así lo manifiesta, y por otro lado le hace ver que su muerte no es justa. Las palabras de otro español, testigo de aquellos acontecimientos, no deja duda en cuanto a la ligereza y premura con que actuó Cortés. Me refiero a Bernal Díaz del Castillo, quien acompañaba a éste en su viaje a Las Hibueras. Dice así Bernal Díaz: “Sin haber más probanzas, Cortés mandó ahorcar a Guatemuz y al señor de Tacuba, que era su primo” (Díaz del Castillo, 1953, p. 247). ¿Hubo realmente una conspiración indígena para matar a los españoles o fue un pretexto para deshacerse de los dirigentes mexicas? Para tratar de dilucidar el asunto veremos tanto la versión española como la indígena. Empezaré con los dos personajes que fueron testigos presenciales de los hechos y nos dejaron relato de los mismos: Hernán Cortés en su última carta de relación al rey de España y Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Los relatos de los españoles Lo primero que llama mi atención son las razones que llevaron a don Hernán a llevarse a los gobernantes mexicas en su viaje a Las Hibueras. Lo anterior puede explicarse si pensamos que esto ocurrió por el temor que tuvo Cortés de que si los dejaba en Tenochtitlan podría darse algún alzamiento en contra de los españoles. Por lo tanto, no es descabellado pensar que una vez lejos de su tierra, lo mejor fuera quitarles la vida para de esta manera desalentar un posible levantamiento. Lo anterior implicaría que todo estaba urdido antes de emprender el viaje. Quizá de ahí las palabras de Cuauhtémoc: “días hacía que yo tenía entendido que esta muerte me habías de dar y había conocido tus falsas palabras”. Matos Moctezuma, Eduardo, “La muerte de Cuauhtémoc: ¿conspiración o pretexto?”, Arqueología Mexicana núm. 111, pp. 37-41. • Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

Las tradiciones metalúrgicas en las ofrendas del Cenote Sagrado de Chichén Itzá

Edith Ortiz Díaz, Bryan Cockrell, José Luis Ruvalcaba Sil Los objetos de metal que se han encontrado en el cenote de Chichén Itzá han llamado la atención de los investigadores en diferentes momentos del siglo pasado y lo que va de éste. Los resultados que se presentan en este artículo son el producto del análisis de 148 piezas ubicadas en los tres acervos que resguardan estos magníficos materiales. Entre 1904 y 1911 Edward Thompson realizó una serie de exploraciones en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, Yucatán; empleó una draga y contrató a varios buzos para recuperar los materiales depositados en el cenote. Varias décadas después, en las temporada de campo 1960-1961 y 1967-1968, Román Piña Chán también se valió de buzos y de un tubo de aire a presión para recuperar distintos materiales ofrendados al cenote. Desafortunadamente la técnicas usadas en ambos proyectos no permitieron preservar la estratigrafía de los materiales, la cual de por sí era ya bastante complicada desde comienzos del siglo XX debido a la constante caída de materia orgánica al interior del cenote. A pesar de este hecho, debe destacarse la gran variedad de materiales ofrendados que se han localizado, entre ellos: objetos de piedra verde, cerámica, turquesa, copal y madera. Además, durante los diferentes trabajos de exploración se halló una gran variedad de piezas de metal. Los objetos de metal rescatados en el proyecto de Thompson se enviaron al Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard. En 1959, 92 objetos fueron reenviados a México y se encuentran resguardados actualmente en el Museo Nacional de Antropología. Los objetos encontrados por Piña Chán se enviaron al Museo Palacio Cantón en Mérida. De este modo, entre los tres museos hay un total de 494 objetos de metal. El análisis de los objetos de metal Los distintos objetos de metal que se han encontrado en el cenote de Chichen Itzá han llamado la atención de los investigadores en diferentes momentos del siglo pasado y lo que va de éste. Estos estudios se han enfocado primordialmente en la composición de las piezas y el análisis se ha restringido a trabajar con las piezas de un solo museo. Los resultados que se presentan en este artículo son el producto del análisis de 148 piezas ubicadas en los tres acervos que resguardan estos magníficos materiales. La prioridad del análisis fue trabajar con métodos no invasivos o destructivos que nos dieran con mayor detalle la composición de los objetos, así como reconocer y entender las distintas técnicas de su fabricación y relacionarlas con diferentes áreas productoras tanto de Mesoamérica como del área del sur de Centroamérica y el norte de Sudamérica. Queda claro que los objetos de metal hallados en el cenote fueron manufacturados en sitios fuera de la península de Yucatán, puesto que ésta carece de fuentes metalíferas. El estudio de los objetos de metal Se hizo una ficha para cada pieza, tomando en cuenta su contexto y tratamientos posteriores a su hallazgo. Asimismo se consignó cuál era el estilo tecnológico que se le había designado previamente a este estudio. El protocolo de trabajo incluyó análisis de cada pieza con luz visible, luz ultavioleta –para determinar residuos orgánicos producto de los procesos de restauración o de exhibición– y luz infraroja, la cual nos permitió observar las impresiones de las herramientas usadas en la fabricación. Posteriormente se analizaron bajo el microscopio óptico. El siguiente paso consistió en realizar un análisis de fluorescencia de rayos-x (XRF), para determinar la composición general de la pieza. Para precisar los datos obtenidos por medio de XRF, se realizaron dos análisis más: difracción de rayos-x (XRD), y espectrometría de retrodispersión Rutherford (RBS), los que permitieron identificar la composición de los objetos tanto en su núcleo como en su superficie. A la par del trabajo analítico, se revisaron los documentos disponibles en los archivos de los museos sobre las colecciones del cenote. La idea era ver si se podían obtener datos sobre la excavación y su asociación con otras piezas, además de ver si éstas habían sido sometidas a algún proceso de restauración que pudiera haber afectado la superficie o incluso el núcleo de la propia pieza, ya que algunos procesos de limpieza utilizados en el pasado podían ser sumamente agresivos y haber dañado los objetos. Como se mencionó anteriormente, tuvimos la oportunidad de trabajar con 148 piezas de tres acervos distintos. A continuación presentamos una síntesis del resultado del estudio con algunas de las piezas más representativas. Cascabeles. Éstos ofrecen una buena oportunidad para estudiar el desarrollo tecnológico estilístico a lo largo del tiempo. De los 38 cascabeles analizados, 19 son de cobre o con aleaciones de cobre –es decir, con arsénico, estaño o plomo– y los otros 19 de tumbaga: una aleación de cobre, oro y plata. Todos se fabricaron a la cera perdida. Cinco tienen falsa filigrana, diseñada en la cera y después remplazada con el metal. Ocho tienen una abolladura y 14 parecen haber sido aplastados. Este “defecto” podría ser una alteración secundaria intencional, la cual discutiremos con más detalle al final de este trabajo. Se propone que los cascabeles de tumbaga fueron hechos por grupos de Panamá y Costa Rica, particularmente de la zona de Veraguas (400-900 d.C.), donde se han recuperado algunos cascabeles zoomorfos muy parecidos. Estos cascabeles se agruparon en lo que se llamó “grupo internacional”. Por otro lado, es probable que los cascabeles de cobre provengan del Occidente de México y correspondan al Periodo II, es decir, 1040-1521 d.C. Asimismo, se considera que la procedencia de otros puede ser la Cuenca de México. Esos cascabeles son parecidos, por su forma y composición, a los del Templo Mayor (1325-1520 d.C.) y a los de Mayapán (1050-1440 d.C.). Pinzas. Se estudiaron dos pinzas fragmentadas. Estas piezas martilladas estaban sin sus hojas y tienen un diseño de espiral o caracol. Hay que hacer notar que este tipo de decoración se dio principalmente entre los purépechas (1350-1519 d.C.). Sin embargo, la diferencia entre las pinzas purépechas y las que se hallaron en el cenote es que las primeras son de una aleación de cobre con estaño mientras que las segundas son de zinc, con menos estaño o latón. Esta diferencia en la composición hace que las primeras sean menos rojizas que las provenientes del cenote. Hachas. Se analizaron dos hachas de las conocidas como “hachas tipo moneda”, las cuales son láminas sumamente delgadas, de cobre-arsénico. Tanto en Guerrero como en Michoacán se han encontrado este tipo de hachas. Pertenecen al estilo tipo 1a de Guerrero y Michoacán, fabricadas alrededor del Periodo II (1040-1521 d.C.). Ambas hachas fueron halladas juntas en el cenote, lo que hace suponer que fueron depositadas posiblemente como una sola ofrenda. Figurillas. Se analizaron doce figurillas antropomorfas, dos zoomorfas y dos de forma indeterminada. Todas las figurillas presentan aros de suspensión. Desde el punto de vista de la tecnología, algunas figurillas fueron vaciadas sin el núcleo de cerámica expuesto mientras que otras sí lo presentan. Dichos núcleos se sacaron después de que se solidificó el metal. Encontramos también algunas partes donde se pusieron unos tapones de madera para estabilizar el núcleo después del vaciado, mientras que en otros casos el núcleo se estabilizó con metal al momento de finalizar la pieza. Al parecer este tipo de técnicas y la iconografía de estas figurillas puede clasificarse dentro del “grupo internacional”, es decir, que fueron realizadas por comunidades del caribe de Costa Rica o por los quimbaya de Colombia. Sandalias. Al menos dos de las seis sandalias estudiadas fueron doradas por remplazo electroquímico: su base es de cobre y la capa delgada del exterior es de plata y oro. Las sandalias son objetos propios de Mesoamérica y eran parte del tributo que recibían los mexicas según textos coloniales. El proceso de fabricación de las sandalias es similar al utilizado para las láminas de metal. En el cenote se han encontrado también láminas de metal como ofrendas. Cuentas. Encontramos dos tradiciones metalúrgicas en las cuentas analizadas. Si bien todas las cuentas son de tumbaga, cinco de ellas son parecidas en la técnica de vaciado y en su morfología a las halladas en la tumba 7 de Monte Albán (1350-1521 d.C.). Un segundo grupo de dos cuentas, a diferencia de las del primer grupo, son de forma cilíndrica y se formaron a partir de martillar el metal y formar pequeños tubos. Esta técnica puede observarse gracias a que queda una línea en el borde del tubo y algunas arrugas en la misma cuenta, lo que hace suponer que fue enrollada. Este tipo de cuentas son similares a las halladas en la tumba 74 del sitio de Conte en Panamá (900-950 d.C.), por lo que al menos estas dos cuentas formarían parte del “grupo internacional”. Edith Ortiz Díaz. Doctora en historia por el Colegio de México. Investigadora del IIA, UNAM. Trabaja temas de arqueología e historia de la Sierra Norte de Oaxaca y la región del Papaloapan. Estudia los procesos de producción de metalurgia prehispánica. Bryan Cockrell. Doctor en antropología por la Universidad de California, Berkeley. Su principal interés es la aplicación de métodos arqueométricos en objetos de metal prehispánicos para determinar cambios en las técnicas de fabricación. José Luis Ruvalcaba Sil. Doctor en ciencias, Universidad de Namur, Bélgica. Investigador del Instituto de Física de la UNAM. Ha realizado numerosos estudios arqueométricos en diversos materiales de diferentes periodos. Director del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y la Conservación del Patrimonio Cultural. Ortiz Díaz, Edith, Bryan Cockrell, y, José Luis Ruvalcaba Sil, “Las tradiciones metalúrgicas en las ofrendas del cenote sagrado de Chichén Itzá”, Arqueología Mexicana núm. 138, pp. 72-74.

La masiva expulsión de españoles de América: la infame historia que escondió la independencia

Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos que habían ocupado cargos de responsabilidad 343 CompartirCompartido 8.3k veces Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela - Palacio Federal Legislativo CÉSAR CERVERA - C_Cervera_M 21/12/2016 03:42h - Actualizado: 21/12/2016 23:25h. Guardado en: Historia La historiografía casi no quiso acordarse de ellos. Tal vez estaba demasiado entretenida con las mentiras de la leyenda negra como para prestar atención al éxodo que protagonizaron miles de españoles expulsados de América conforme se emancipaban territorios españoles en el continente. Fueron los perdedores de una guerra iniciada por los criollos (entre el 10 y el 15% de la población), los acomodados descendientes de españoles –como Simón Bolívar o José de San Martín– que se revolvieron contra la madre patria y se cobraron lo que ellos pensaban la revancha. Los últimos españoles de América sufrieron toda clase de abusos y desprecios. La población mestiza e indígena luchó en ambos bandos Lejos de ser una revolución popular y espontánea, los procesos de independencia de principios del siglo XIX corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. En tanto, la población mestiza e indígena, la mayoritaria, luchó en ambos bandos. Siendo que al final el dominio económico ejercido por España fue, simplemente, sustituido por el de otras potencias mundiales como Gran Bretaña. Cambio de patrones, pero no de estructura. Los españoles fuera de la vida civil Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos peninsulares que habían ocupado cargos de responsabilidad. Si bien fueron miles los españoles que huyeron debido al propio conflicto, el verdadero acoso comenzó con leyes dirigidas a expulsarlos o evitar que pudieran entorpecer la creación de los nuevos estados. Como suele ser habitual en estos casos de expulsiones masivas –véase la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en el siglo XVI– los que se llevaron la peor parte fueron los ciudadanos con pocos recursos que lo perdieron todo. Retrato de Simón Bolívar Retrato de Simón Bolívar Los miembros de la aristocracia lograron congraciarse con el nuevo régimen o, simplemente, huyeron sobre puentes de plata. Los españoles que cambiaron su nacionalidad lo hicieron por conservar sus vastas propiedades y a cambio de renunciar a sus títulos nobiliarios. El verdadero drama afectó a miles de familias humildes, que abandonaron a contrarreloj los países donde vivían y sus propiedades. En muchos casos la expulsión se realizó a través de precarias embarcaciones, hacinados y obligados por la fuerza. Una vez en puertos de la Península Ibérica tampoco les esperaban vítores precisamente. España vivía uno de sus peores momentos. En México, el antihispanismo que acompañó a los acontecimiento revolucionarios afectó gravemente a los 15.000 españoles que allí residían. En previsión de un conflicto de puertas para dentro, se le retiraron las armas a todo individuo español y se les expulsó del estado militar. Asimismo, en febrero de 1824, se relegó a los españoles de cualquier cargo público que ocupasen. Se les negaba la posibilidad de retirar capitales, y se les obligaba a abandonar sus lugares de residencia. En este sentido, los líderes más radicales culparon a los españoles de los males del continente y justificaron por ello que ahora se les quitara todo y se les expulsara, por muy ilegal e injusto que fuera esta medida. Al declararse la independencia, los españoles que quisieran marcharse libremente, incluso con sus caudales, lo pudieron hacer en virtud del artículo 15 de los Tratados de Córdoba. Aquella fue la mejor opción, a tenor de la radicalización que se vivió más adelante y las insistentes vulneraciones del tratado. México promulgó el 10 de mayo de 1827 una ley de empleo por la que ningún español de nacimiento podría ocupar cargo alguno en la administración pública, civil o militar. Los españoles quedaron marginados a nivel social, hasta el punto de que tenían prohibido reunirse o asociarse. Una serie de leyes a nivel local y nacional orquestaron en varias oleadas la salida de los españoles de México, con un plazo de 30 días, y la condición de poder sacar del país únicamente la tercera parte de sus bienes. La Muerte del Libertador Simón Bolívar La Muerte del Libertador Simón Bolívar Calcula el investigador Harold Sims (autor de «La Descolonización de México») que, entre los años 1827 y 1829, fueron expulsados de México en razón de su origen español 7.148 personas. En 1830 quedaban ya menos de 2.000 españoles en esa región. Los principales receptores de este éxodo fueron Estados Unidos, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Europa. No así las islas británicas. Los peninsulares, a pesar de la supuesta amistad con Inglaterra, eran recibidos por las autoridades británicas en el Caribe con desconfianza y controles exhaustivos. La situación vivida en la Gran Colombia de Simón Bolívar fue todavía más violenta que en México. Sin tiempo que perder, la guerra de Bolívar desembocó en una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821. Todos los españoles de origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país. El principal lugar al que partieron estos expulsados fueron las islas del Caribe españolas, sobre todo Puerto Rico, donde arribaron 3.555 refugiados. Los últimos de Callao En Argentina y Perú también se aplicaron leyes para apartar inmediatamente a los españoles de la administración. Durante el conflicto fueron habituales las penas de confinamiento, «contribuciones especiales» y expropiaciones contra los españoles peninsulares con el fin de recaudar fondos militares. Los abusos fueron frecuentes. En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina debido a la actividad militar en curso. En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina En Perú la población española se concentraba principalmente en Lima y, dada la antiguedad de este virreinato, se sentía más protegida que en otros rincones. Su seguridad jurídica, sin embargo, se vino abajo con la llegada de la expedición militar al mando de José de San Martín, quien amparó 4.000 actos de confinamiento en prisiones contra civiles españoles. El acoso contra los españoles se tradujo en un exilio de unos 12.000 españoles en este virreinato. El epílogo de la guerra tuvo tintes de masacre. Tras la batalla de Ayacucho en 1824, en Lima, cerca de 6.000 civiles españoles se refugiaron en la fortaleza del Callao cuya guarnición resistió hasta el año 1826 al más puro estilo de los Últimos de Filipinas. Aquel lugar fue el último refugio de un territorio que había sido hispánico desde tiempos de Pizarro. La capitulación de la fortaleza terminó con solo 400 soldados supervivientes, de un total de 700 personas vivas.