miércoles, 14 de diciembre de 2016

La primera misión arqueológica mexicana en Egipto

Angelina Macías Goytia Durante siete temporadas hemos realizado investigación, salvamento y restauración en el complejo funerario de Puimra, sacerdote de Amón y tesorero de Hatshepsut y Tutmes III, de la Dinastía XVIII. En el edificio que resguarda su tumba se localizaron figuras y textos glíficos con valiosa información sobre la sociedad egipcia de la época. Nuestros trabajos arqueológicos en Egipto estuvieron basados en excavaciones con un cuidadoso control estratigráfico. Logramos obtener datos, elementos y objetos para la investigación del sitio, los que posteriormente se analizaron y catalogaron en gabinete. Este mismo criterio se aplicó en la liberación de las estructuras del complejo funerario. Otra fuente de investigación muy importante para el conocimiento del lugar fue el estudio iconográfico y epigráfico, ya que en los muros del edificio del complejo funerario, tanto en el interior como en la fachada, se encuentran figuras y grandes textos glíficos que proporcionaron abundantes datos sobre la vida social, económica, tecnológica y ritual de los egipcios durante la Dinastía XVIII. Así supimos que los obreros de esa época elaboraban el vino o papel de papiro, desde el corte de las plantas hasta el traslado de los paquetes; supimos que había ceramistas y lapidarios, así como escribas, pescadores y arrieros. Pudimos estudiar las procesiones de esa época, en las que se llevaban ofrendas, jarras de vino, canastas, pieles de felino y piezas de oro. Los materiales culturales que se rescataron en todas las temporadas fueron analizados y catalogados en gabinete y, posteriormente, incluidos en una base de datos donde se especifica el sitio y fecha del hallazgo, número de catálogo, una breve descripción del objeto, así como materia prima, técnicas de manufactura, decoración y dimensiones. Para tener un mejor control de los materiales y alimentar la base de datos, elaboramos cédulas de campo para registrar entierros, elementos y objetos, basándonos en las que utilizamos en México, ya que los métodos y técnicas de investigación de esta ciencia son aplicables a cualquier área geográfica y a cualquier momento histórico. En todo el mundo la finalidad de la arqueología es conocer las sociedades del pasado por medio de sus vestigios materiales. La Tumba Tebana 39 En 2003 el Supremo Consejo de Antigüedades de Egipto formalizó la autorización para que la Sociedad Mexicana de Egiptología A.C. (SME), con el apoyo institucional de la Universidad del Valle de México, realizara los trabajos de investigación, consolidación y restauración en la Tumba Tebana 39. En 2005 se efectuaron los primeros trabajos en campo. La tumba que se nos autorizó a investigar pertenecía a Puimra, Segundo Sacerdote de Amón, tercer hombre en la jerarquía del poder en el imperio egipcio y cuyo nombre significa “el que está en Ra”. Puimra trabajó bajo el mando directo de dos de los faraones más importantes de la historia de Egipto durante la Dinastía XVIII (1539-1069 a.C.), la reina Hatshepsut y Tutmes III. La zona de Khokha, situada en el Valle de los Nobles, fue el lugar adecuado para edificar la necrópolis de los servidores más importantes de los reyes, incluido Puimra, debido a que la zona está protegida por una montaña de forma piramidal, la Montaña de Tebas. El complejo funerario de Puimra cuenta con una explanada y con un pórtico de acceso a la tumba, además del edificio funerario. En el interior se encuentran un corredor que da acceso a tres cámaras: la cámara norte, donde fue enterrado el cuerpo de Puimra; la cámara central, que fungió como templo funerario, y la cámara sur, donde fue enterrada Senseneb y que fue el lugar para las ofrendas. Las paredes, decoradas con esculturas en alto y bajo relieve, policromadas y con numerosos textos en escritura jeroglífica, han permitido desarrollar nuevas teorías sobre las festividades tebanas y la vida cotidiana de esa época. Durante siete temporadas de campo hemos realizado la investigación, salvamento y restauración de la Tumba Tebana 39. El trabajo llevado a cabo por el equipo de investigadores mexicanos, dirigidos por la Lic. Gabriela Arrache (SME), está conformado por la doctora en antropología Angelina Macías Goytia (INAH); los arquitectos especializados en monumentos antiguos, Mtro. Manuel Villarruel, Mtro. David Jiménez y Mtro. Enrique Sánchez (UVM); los restauradores, Mtra. Dulce María Grimaldi, Mtra. Patricia Meehan y Lic. Luis Amaro (INAH); el epigrafista, Dr. Michael Berger (Instituto de Estudios Orientales de Chicago); los fotógrafos Félix Valdés Corral (SME) y Dr. Jesús Trello (Universidad Complutense, España); la encargada de logística y documentación, Lic. María Alicia Valdés Corral (SME). La participación del INAH ha sido de vital importancia, ya que los dos pilares de los trabajos, la arqueología y la restauración, están cubiertos por investigadores y técnicos de esa institución. La Tumba Tebana 39, que se encontraba en pésimas condiciones, estuvo en riesgo de perderse por completo y para rescatarla y restaurarla se consolidó de inmediato toda la estructura. La importancia de este edificio queda patente por su tamaño y belleza, y al paso de estos siete años ha recuperado su antiguo esplendor. El objetivo es salvar para la humanidad ese tesoro histórico y artístico, así como dar a conocer al público en general el resultado de las investigaciones. Gabriela Arrache, directora del Proyecto TT39. Angelina Macías Goytia. Maestra en arqueología por la ENAH. Doctora en antropología por la UNAM. Directora de arqueología del Proyecto TT 39, en Egipto. Macías Goytia, Angelina, “La primera misión arqueológica mexicana en Egipto”, Arqueología Mexicana núm. 130, pp. 16-21.

Los cenotes de la península de Yucatán

Patricia Beddows, Paul Blanchon, Elva Escobar, Olmo Torres-Talamante La península de Yucatán es una de las cinco zonas fisiográficas de la República Mexicana y representa 2% de la superficie del país, con 39 340 km2. El número de cenotes en el estado de Yucatán es de entre 7 000 a 8 000; la gran extensión de bosque ha hecho más difícil el cálculo para los estados de Campeche y Quintana Roo. La península de Yucatán corresponde a la parte que emerge de la plataforma continental de Yucatán, que abarca una extensión de 300 000 km2 y que separa al Mar Caribe del Golfo de México. En la península, los rasgos orogénicos (formación de montañas) están prácticamente ausentes, lo que es singular en el contexto nacional; 90% de su superficie está a menos de 200 msnm y la Sierrita de Ticul es la única elevación prominente. Topográficamente se puede dividir en planicie norte, Sierrita de Ticul y planicie del sur. Cabe mencionar que de norte a sur la elevación aumenta ligeramente, lo cual se explica más adelante. Esta zona abarca, como unidad fisiográfica/geológica, tanto el territorio mexicano, el Petén guatemalteco y el norte de Belice. La península carece de drenaje superficial debido a la litología (relativo a las rocas), y el río Hondo en la frontera con Belice es el único sistema fluvial de la península. El clima de la península de Yucatán es cálido-subhúmedo con lluvias en verano, sin embargo, presenta un gradiente de precipitación que aumenta de noroeste a sureste, lo cual se refleja en la vegetación, desde la de zonas áridas en el noroeste, pasando por selvas bajas y medianas subcaducifolias y caducifolias (es decir, que pierden en parte o totalmente las hojas en la estación de secas), hasta selvas altas en el sur, cerca de Chiapas. En verano se presentan huracanes y en invierno, “nortes”. Geología El Bloque Yucatán es un bloque tectónico único, sin plegamientos, del Paleozoico, cuyo límite es la falla Motagua. Este basamento metamórfico de origen pangeico continental se separa del Bloque Louisiana-Texas al momento de la apertura del Golfo de México; su posición actual viene desde finales del Triásico (~ 200 millones de años). Sobre este basamento se ha acumulado una capa gruesa de sedimentos marinos del Paleozoico Tardío, seguido por sedimentación continental en el Jurásico, que a su vez subyacen a un depósito extenso de evaporitas (rocas sedimentarias formadas a partir de los residuos de antiguos mares o lagos evaporados) que corresponden a una cuenca carbonatada limitada por arrecifes del Cretácico Temprano. Sobre éstas se encuentran calizas (rocas sedimentarias porosas formadas por carbonatos) depositadas en plataforma durante el Cretácico Tardío; la frontera entre el Cretácico y el Terciario presenta la estructura de impacto Chicxulub. La plataforma de Yucatán, conformada por calizas de periodos del Cretácico (144 a 165 millones de años) al Cenozoico-Cuaternario (65 millones de años al reciente), refleja un gradiente temporal en sentido norte-sur, lo cual indica una emergencia paulatina de la plataforma durante el Plioceno (5.2 a 1.8 millones de años). Esta emergencia paulatina explica la asimetría, que se extiende solamente unos 10 km en el margen del Caribe y hasta 200 km del lado del Golfo de México. Beddows, Patricia, Paul Blanchon, Elva Escobar, Olmo Torres-Talamante, “Los cenotes de la península de Yucatán”, Arqueología Mexicana núm. 83, pp. 32-35. • Patricia Beddows. Doctora por la Universidad de Bristol (Inglaterra), con un estudio sobre la hidrogeología de los sistemas de cuevas y cenotes de la península de Yucatán. • Paul Blanchon. Investigador de la Unidad Académica Puerto Morelos del ICML, UNAM y tutor del posgrado en ciencias del mar. • Elva Escobar. Investigadora del ICML, UNAM. Jefa de la Unidad Académica de Sistemas Oceánicos y Costeros y responsable del laboratorio de biodiversidad y macroecología. Miembro del Foro Consultivo Científico de la AMC y designada científico experto en investigación científica marina ante Naciones Unidas. • Olmo Torres-Talamante. Biólogo egresado de la Facultad de Ciencias, UNAM. Actualmente realiza su posgrado en ciencias del mar y limnología, UNAM, con un estudio de relaciones ecológicas y biogeoquímicas en cuevas y cenotes de Quintana Roo.

Estrategias para cambiar el destino. Los hijos de Moctezuma en el siglo XVI

María Castañeda de la Paz Se presenta un breve panorama del destino de cada uno de los hijos de Moctezuma Xocoyotzin tras la muerte de su padre. Los argumentos y estrategias que cada uno empleó para sobrevivir en tiempos de profundos cambios llegaron a enfrentar a algunos de ellos. Los que brillaron en exceso fueron eliminados, los que optaron por seguir inmersos en el mundo indígena desaparecieron en los entresijos de la historia. Las fuentes históricas nos dicen que el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin tuvo muchos hijos, aunque la mayoría murió en la Noche Triste, en una matanza ordenada por Cuauhtémoc, por haberse puesto del lado de los españoles. No obstante, sabemos que algunos de ellos fueron sacados de Tenochtitlan, en los momentos que antecedieron a estos eventos, porque sus madres no eran tenochcas. Es el caso de don Martín, don Pedro o doña Francisca, cuyas progenitoras eran de Texcoco, Tula y Ehecatepec respectivamente. La situación de doña Isabel, doña Leonor y doña María fue distinta, pues al ser sus madres mujeres tenochcas, les tocó quedarse en la isla junto a su padre. Es por ello que un gran número de fuentes coinciden al expresar que Moctezuma, previendo lo que se les avecinaba, le pidiera a Hernán Cortés que las sacara de allí. Cortés no sólo atendió sus súplicas, sino que se las llevó a vivir con él (fig. 1). Sobrevivir en un nuevo tiempo A excepción de doña Leonor y doña María, Moctezuma tuvo a estos hijos con distintas mujeres, a pesar de lo cual, todos fueron reconocidos como hijos legítimos. Posiblemente, porque nunca se encontró en la tesitura de tener que elegir a la que sería su esposa principal, como tuvieron que hacer los señores cristianizados. Ahora bien, poco se sabe de la vida de sus vástagos en los primeros años tras la conquista, aunque no cabe duda de que cada uno fue saliendo de su anonimato porque así se lo propuso. En el caso de ellas, adaptándose al modo de vivir de las mujeres españolas; en el caso de ellos, haciendo uso de los instrumentos jurídicos castellanos, generalmente a través de cartas y probanzas dirigidas al rey, que en ocasiones ellos mismos llevaron a España para que se les reconociera su estatus de nobles y los derechos inherentes a su dignidad (restitución de sus tierras patrimoniales, cargos públicos o rentas en dinero, entre otras cosas). Lo que observamos en esa documentación es que para lograr sus objetivos, los hijos de Moctezuma siempre recurrieron al vínculo con su padre y a la cesión que éste hizo de su imperio al monarca (la translatio imperii), sometiéndose como su más fiel vasallo. El resto de nobles, por el contrario, basaron sus solicitudes en su participación en la conquista y en haberse convertido en verdaderos cristianos. Los Moctezuma, no cabe duda, fueron los que más privilegios recibieron aunque, lógicamente, unas migajas si los comparamos con los que su padre había tenido en el pasado. María Castañeda de la Paz. Doctora en historia por la Universidad de Sevilla, España. Investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Sus líneas de investigación son la historia indígena prehispánica y colonial del centro de México. Los temas de su interés son la nobleza, la heráldica, la cartografía y los códices históricos indígenas. Castañeda de la Paz, María, “Estrategias para cambiar el destino. Los hijos de Moctezuma en el siglo XVI”, Arqueología Mexicana núm. 142, pp.65-69.

Tezozómoc y Tenochtitlan

Carlos Santamarina Tezozómoc de Azcapotzalco fue el artífice del imperio tepaneca (1375-1428). Fue bajo su dirección que Tenochtitlan se fundó y creció como pueblo vasallo de los tepanecas. Chimalpopoca, tercer señor de Tenochtitlan, era nieto de Tezozómoc y por lo tanto integrante del imperio tepaneca, por lo que sería la primera víctima de la rebelión que daría el poder a México-Tenochtitlan. El altépetl tepaneca de Azcapotzalco fue capital de un imperio hegemónico que se desarrolló aproximadamente entre 1370 y 1428. Este reino tepaneca llegó a unificar políticamente a las poblaciones de la cuenca lacustre, e incluso algunos otros territorios más distantes. Durante prácticamente todo ese periodo de ascenso y crecimiento tepaneca, Azcapotzalco estuvo gobernado por Tezozómoc, verdadero artífice de aquel imperio. Tras su muerte, sus dominios se vieron sacudidos por un conflicto interno –conocido como la Guerra Tepaneca (1428-1430)– que otorgaría el poder a Tenochtitlan y sus aliados. El imperio sería refundado y pasaría a constituir el imperio mexica, que ampliaría sus dominios hasta límites nunca alcanzados en la historia mesoamericana. En una carta escrita en latín al rey de España en 1561 por nobles indígenas de Azcapotzalco, se describe a Tezozómoc como antiguo “señor de nuestro pueblo […] muy rico y generoso, pero sobre todo muy longevo”, el cual “puso a sus hijos, que los tuvo numerosos, como señores de las colonias por él fundadas”. En efecto, una amplia red dinástica con centro en Azcapotzalco daba estructura al imperio tepaneca. Los señores de los centros subordinados más importantes estaban emparentados con el linaje de Tezozómoc. En Coyoacan, Tlacopan, Tlatelolco, Acolman y Toltitlan, entre otros, gobernaban directamente hijos de Tezozómoc; en otros altépetl, con un rango algo menor a los anteriores, gobernaban señores locales casados con hijas de Tezozómoc, de modo que la descendencia que podía heredar el gobierno local era tepaneca por línea materna y por línea paterna no dejaba de identificarse con la dinastía local. Tres acontecimientos históricos marcan la historia de Tenochtitlan en el periodo de hegemonía tepaneca, subrayando la importancia de la relación de los mexica-tenochcas con el poderoso señor de Azcapotzalco. La fundación de Tenochtitlan Los mitos en que se basaba la historia oficial mexica en torno a los designios de Huitzilopochtli para favorecer a los mexicas como su pueblo elegido, no están sustentados por la historiografía moderna. Actualmente, nuestro conocimiento de aquel periodo nos permite más bien afirmar que el establecimiento de una serie de grupos migrantes en el islote que sería conocido como México, y la posterior conformación en dos diferentes tlatocáyotl –Tenochtitlan y Tlatelolco–, constituye en realidad una acción impulsada por Azcapotzalco como centro hegemónico del área en aquel periodo. Con ello, los tepanecas aumentaban el número de sus vasallos, asentaban su presencia estratégica en el área lacustre, en detrimento de Colhuacan y otros centros rivales, y contribuían al desarrollo económico de la zona. El tepanecáyotl crecía y se desarrollaba con la fundación de nuevos altépetl, engrosando el número de tributarios y de integrantes de los ejércitos de Azcapotzalco. Una vez que Tenochtitlan y Tlatelolco mostraron su capacidad de desenvolverse como altépetl, llegó el momento en que Tezozómoc decidió concederles el permiso para constituirse como tlatocáyotl, con su propio tlatoani al frente. Pero las dos ciudades gemelas mexicas no tuvieron la misma suerte. Tlatelolco fue honrada con un rango superior, pues se le concedió a Cuacuapitzáhuac, hijo del propio Tezozómoc, como tlatoani. Tenochtitlan, por su parte, hubo de contentarse con un gobernante menos cercano al centro del poder hegemónico, y así fue Acamapichtli (1372-1391), al parecer de origen colhua, el fundador de la dinastía tenochca, siempre como vasallo y servidor del emperador tepaneca. Carlos Santamarina Novillo. Doctor en historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, donde es profesor asociado en el Departamento de Historia de América II (Antropología de América). Se especializa en antropología política, cultura azteca, tepanecas y mitos de alteridad. Santamarina Novillo, Carlos, “Tezozómoc y Tenochtitlan”, Arqueología Mexicana núm. 136, pp. 60-64.

José María Melgar y Serrano ¿Viajero, coleccionista o saqueador?

Eric Taladoire, Jane MacLaren Walsh José María Melgar y Serrano –descubridor, en 1862, del Monumento A de Tres Zapotes, Veracruz– ha sido calificado por diversos autores como viajero, periodista, explorador, aventurero, buscador de antigüedades, mercenario e incluso como arqueólogo o aficionado a la arqueología. En las publicaciones sobre la civilización olmeca así como en innumerables libros de arqueología mesoamericana, se menciona a menudo el descubrimiento en 1862 del Monumento A de Tres Zapotes (Hueyapan) por José María Melgar y Serrano (Taladoire, 2010). Los autores califican indistintamente a Melgar de viajero, periodista, explorador, aventurero, buscador de antigüedades, mercenario y hasta de arqueólogo. Esta última precisión corresponde a lo que escribe Eugène A. Boban en su obra Musée Archéologique (París, 1875). El coronel Louis T. S. Doutrelaine, miembro de la Comisión Científica franco-mexicana, en su correspondencia (1867) precisa, con más prudencia, que era, si no un arqueólogo, por lo menos un aficionado a la arqueología. Coe (1968) afirma que Melgar se encontraba “paseando” en la región de San Andrés Tuxtla, lo que resulta extraño en el contexto del principio de la guerra de Intervención (1862-1867). El médico militar francés Fuzier, director del Hospital de Veracruz (Taladoire, 2010), escribe que era ingeniero, originario de Veracruz, y que se dedicaba a la búsqueda sistemática de antigüedades prehispánicas. En su cuaderno inédito de dibujos de piezas prehispánicas, Fuzier añade a las imágenes de la cabeza monumental un comentario ambiguo: “Dibujo hecho a partir de una reproducción de madera de una enorme cabeza de 2 metros de diámetro. El señor Melgar, de Vera Cruz, que cree que esta cabeza representa a Moctezuma, la habría comprado…” ¿Que quería comprar Melgar? De acuerdo con su propia narración, en su artículo del Semanario Ilustrado (1869), a fines de la década de 1850, un campesino que trabajaba su milpa en la hacienda Hueyapan, cerca de Tres Zapotes, tropezó con un objeto enterrado, la parte superior de la cabeza, que descubrió parcialmente. Enterado de la existencia del monumento mientras estaba “viajando” en la zona de San Andrés Tuxtla, Melgar decidió visitar el lugar en 1862 para liberar completamente el monumento. Eso implica que la maqueta no podía existir previamente a su excavación. Melgar mandó hacer la maqueta después. No tenía entonces que comprarla, si se hizo a su pedido. La única pieza que “habría comprado” sería el monumento mismo. Pero ¿por qué quería adquirirlo? Considerando tales imprecisiones, vale la pena recopilar los pocos datos disponibles sobre ese personaje, que dejó en la arqueología de México una huella de gran importancia. ¿Un viajero culto? Los datos proporcionados por el mismo Melgar sobre las circunstancias de su descubrimiento son bastante imprecisos. Según él, decidió por casualidad visitar el lugar para contemplar la escultura, después de enterarse de su existencia. Melgar la interpreta estilísticamente como una prueba de influencias africanas en Mesoamérica: “En tanto que obra de arte, es, sin exageración, una escultura magnífica. Pero lo que más me ha asombrado es el tipo etíope que representa. He pensado que sin duda ha habido negros en este país. Y ello en las primeras edades del mundo”. Recordemos que, según Fuzier, antes de presentar su hipótesis africana, Melgar consideraba la cabeza un retrato del tlatoani mexica Moctezuma. Es imposible saber cómo Melgar llegó a tales hipótesis, pero es evidente que propuso distintas interpretaciones, basándose en sus conocimientos. Era obviamente un hombre culto, con conocimientos amplios, característicos de las élites intelectuales de la época. Las publicaciones de Melgar (ver lista adjunta) comprueban que se interesaba desde mucho tiempo atrás en el pasado prehispánico de México. Había leído los textos fundamentales, como las obras de León y Gama, Kingsborough, Orozco y Berra, Dupaix y Humboldt, que cita profusamente. Se refiere además en sus escritos a los sitios de Palenque y Chichén Itzá. A propósito de las piezas de Palenque, cita detalladamente los documentos mandados a España por Dupaix, proporcionando fechas y referencias precisas, lo que no sucede cuando se trata de publicaciones mexicanas. Eso sugiere que tuvo acceso a los documentos originales. Respecto a Chichén Itzá, menciona las fotos de relieves publicadas por primera vez por Charnay, en Cités et ruines américaines (1862). Aunque resulta posible que unos ejemplares del libro hubieran llegado a México rápidamente, ¿donde lo habría conseguido Melgar? Cuando se refiere a las obras de León y Gama u Orozco y Berra, precisa que las compró en México, lo que no ocurre a propósito del libro de Charnay. Es mucho más probable que supiera del libro y de las fotos en Francia, lo que implicaría que Melgar estaba en París a principios de 1862. Regresó a México el mismo año, y se quedó sin duda hasta 1869, fecha de la publicación, en México, de su artículo sobre la cabeza de Tres Zapotes. Siguió mandando a Boban cartas y piezas desde Veracruz, en los años 1872-75, y se encontraba allí todavía en 1879 (Walsh, comunicación personal, 2012). Una breve nota de Hamy, publicada en la Revue d’Ethnographie de Paris (1885), señala que radicaba en Veracruz en 1885, donde era posible visitar su museo. Sus últimas andanzas documentadas fuera de México ocurren en España en 1873. ¿Qué nos dice eso sobre su origen? Su apellido es obviamente hispánico, y Boban, Fuzier y Doutrelaine afirman que era mexicano. Pero su castellano es a veces poco usual (Walsh, 2012). ¿Sería posible que Melgar hubiera radicado un tiempo en Europa, y en París, antes de 1862, como tantos mexicanos que huyeron de los conflictos políticos? Sólo una búsqueda en archivos mexicanos o entre sus posibles herederos, ya que por una carta suya a Boban sabemos que tenía por lo menos un hijo en Veracruz, podría clarificar este punto. Eric Taladoire. Profesor emérito de arqueología prehispánica en la Universidad de Paris 1 PanthéonSorbonne, y miembro de la UMR Arqueología de las Américas. Se especializa en el estudio de los juegos de pelota mesoamericanos y en la historia de la investigación. Jane MacLaren Walsh. Doctora en antropología. Trabaja en el Smithsonian Institution, National Museum of Natural History. Especialista en arqueología y etnohistoria del Altiplano de México. Taladoire, Eric, Jane MacLaren Walsh, “José María Melgar y Serrano ¿Viajero, coleccionista o saqueador?”, Arqueología Mexicana núm. 129, pp. 81-85.

15 DATOS QUE TE HARÁN DUDAR DE LA HISTORIA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

El día 12 de Diciembre se celebra en México a la Virgen de Guadalupe, conmemorando una supuesta advocación que tuvo su aparición en el cerro del Tepeyac en las cercanías de Tenochtitlan, diez años después de su caída. Pero, ¿qué tan real es esta historia? A continuación te presento algunos datos que tal vez desconocías y que te responderán (o te crearán) muchas dudas. Crédito: archivalladolid 1. Durante el período posterior a la conquista existieron múltiples cronistas que se encargaron de documentar lo sucedido antes de la llegada de los europeos, lo sucedido durante la invasión y lo que aconteció después de ésta. Los cuatro cronistas más importantes fueron Toribio de Benavente Motolinia (el padre de los indios, llamado así por los mismos nativos en agradecimiento a su bondad), Andrés de Olmos, Bernardino de Sahagùn y Gerónimo de Mendoza, todos ellos frailes pertenecientes a la Orden de los Franciscanos y encargados de convertir a los nativos a la fe católica. 2. De acuerdo con la Iglesia, Cuauhtlatoatzin (el águila que habla) o Juan Diego nació en 1474, fue evangelizado en 1528 y murió en 1548. Las apariciones de la Virgen habrían ocurrido entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531. 3. Dice la leyenda que Juan Diego se encontró varias veces con la Virgen de Guadalupe durante esas fechas y que, cuando fue a ver a Fray Juan de Zumarraga para relatarle estos encuentros, se le cayeron las rosas que traía en el ayate y, al mirar al mismo, apareció impresa esta imagen de la Virgen: Crédito: Joaquín Martínez 4. Sin embargo, Zumarraga jamás escribió nada sobre estos hechos. Ninguno de los cuatro cronistas mencionados en el punto uno relató nada acerca de los acontecimientos guadalupanos y no existe documento alguno de la Iglesia entre 1531 y 1548 que relate las apariciones de la Virgen ante Juan Diego. 5. 1548 es, según las crónicas de la Iglesia, el año en que murieron Juan Diego y Fray Juan de Zumarraga. Claro que este dato menor no prueba ni niega los acontecimientos, pero ¿es posible que un Arzobispo, habiendo sido testigo de tal hallazgo, se llevara una información tan importante a la tumba? 6. La primera mención a la aparición de la Virgen data de 1649, y se encuentra en el libro Nican Mopohua, que está contenido en un libro más amplio, el Huei Tlamahuizoltica o “El Gran Suceso”, cuyo autor es Antonio Valeriano. Allí se menciona que “Por un gran milagro apareció la Reina Celestial, nuestra preciosa madre Santa María de Guadalupe, cerca del gran Altépetl de México, ahí donde llaman Tepeyacac”. 7. Según Luis Lasso de la Vega, el editor del Nican Mopohua, el autor de la obra dijo haber escrito este libro mientras escuchaba el relato de las apariciones de la boca del propio Juan Diego, aunque se desconoce cuándo ocurrió esto. También se desconoce la relación entre el autor del Nican Mopohua y su editor. 8. Por otra parte Zumarraga -supuesto testigo ocular del milagro de las flores-, se pronunció en contra de la creencia de los milagros en 1547, 16 años después de las supuesta apariciones: “Ya no quiere el Redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester, pues esta nueva fe tan fundada en tantos millares de milagros como tenemos en el testamento nuevo. Lo que pide y quiere es vidas milagrosas” (Catecismo “Regla Cristiana breve”, 1547). 9. La primera misa en honor a la Virgen de Guadalupe fue oficiada el 6 de septiembre de 1556 por Fray Alonso de Montúfar. Es decir, 25 veinticinco años después de la aparición. 10. La comisión de Bartolache que se creó para determinar la veracidad del ayate guadalupano en 1787 encontró varias irregularidades: la pintura tenía varias manos y no se trataba de un ayate, sino una fina manta de palma que estaba pegada sobre un bastidor de madera y se estaba descascarando. En 1895 el padre Plancarte ordenó fuese sustituida por una imagen que estaba en el convento de las capuchinas en la ciudad de México, pero la imagen original de la Virgen tenía un corona en la cabeza, así que, como la nueva imagen que suplantó a la anterior no contaba con ese detalle, Plancarte convenció a los fieles que fue un milagro que la corona desapareciera. Años más tarde, la virgen apareció con un ángel tricolor en los pies. Y eso que la bandera mexicana no existía en 1531… Crédito: esparta. 11. La Virgen de Guadalupe es originaria de Extremadura, España, y es considerada patrona de la evangelización del nuevo mundo, ya que Cristóbal Colón recibió en el Monasterio de Guadalupe el decreto de los Reyes Católicos que le permitió emprender el viaje a la América actual. 12. Hernán Cortés era un gran devoto de la Virgen de Guadalupe y llegó a América con un estandarte de aquella Virgen, ya desde entonces morena, que sostiene al niño Jesús sobre el brazo izquierdo y que tiene en su mano derecha un cetro de cristal. Bajo sus pies había una media luna humillada (símbolo del Islam). 13. Esta imagen fue instalada en el Tepeyac, al norte de la Ciudad de México, donde anteriormente se encontraba un adoratorio a Tonantzin. ¿Por qué se instaló esta imagen en el mismo sitio? Porque los nativos seguían adorando a Tonantzin y los españoles querían evitarlo. 14. El mismo Bernardino de Sahagún lo corroboró: “Ahí en Tepeaca, donde ahora está la iglesia que usted mandó construir, hacían muchos sacrificios a honra de una diosa de nombre Tonantzin y venían de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas, de todas las comarcas de México, y traían muchas ofrendas. Venían hombres y mujeres, y mozos y mozas a estas fiestas, era grande el concurso de gente en estos días, y todos decían “vamos a la fiesta de Tonantzin”. Y ahora que está allí edificada la iglesia de Guadalupe, también la llaman Tonantzin…De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto. Que el vocablo venga de su primera imposición a aquella Tonantzin antigua es cosa que se debía remediar porque el propio nombre de la madre de Dios y Señora Nuestra no es Tonantzin…Y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, de tan lejos como antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay iglesias de Nuestra Señora y no van a ellas…”. 15. La Iglesia les dio a los nativos lo que necesitaban: una Virgen morena que les recordara a su amada Tonantzin. Con el tiempo se logró el objetivo y el culto a Tonantzin fue reemplazado completamente por el culto a Nuestra Señora de Guadalupe. Como se puede apreciar, la historia del ayate guadalupano tiene dos formas distintas de interpretación: aquella que se entiende con la fe y la que se entiende con las pruebas históricas documentadas. Ambas tan ciertas como el nivel de creencia o de investigación del lector. Fuente: Guadarrama Collado Antonio, Coatl: El misterio de la serpiente, 2008. Títulos de la misma trilogía de libros: Balam: La senda del jaguar y Cuauhtli: La revelación del águila.

Descubren altar maya prehispánico en increíble estado de conservación

Posted : 1 week ago Redacción MundoHispánico Latest from Redacción MundoHispánico Maribel Guardia a sus 58 años impresiona con nueva foto en bikini (FOTO) Aseguran que Itatí le cantó a la Virgen pasada de copas (VIDEO) Fernando del Solar ¿se burla de Ingrid Coronado? Rellena botella con el refill del Pollo Loco y ahora es conocida como #LadyRefill Hipnotizan nuevamente a ‘Gomita’, pero ahora le va mucho peor (VIDEO) Un altar maya prehispánico en estado de conservación inaudito, el cráneo de un hombre muerto hace más de 10 mil años y restos de mega fauna fueron hallados en zonas de Muyil, Tulum y Chumpón, Quintana Roo, según informó a través de un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México. Los hallazgos se realizaron como parte del proyecto Gran Acuífero Maya y podrían aportar información valiosa sobre el cambio climático, los primeros pobladores de América y la ritualidad maya. Liderados por el doctor Guillermo de Anda Alanís, estos trabajos contaron con los aportes de geólogos, biólogos, arqueólogos y exploradores subacuáticos, en virtud de que varios de los contextos se hallan en cavidades inundadas. craneocuevamandibula Para el arqueólogo, director del proyecto Gran Acuífero Maya, los hallazgos son relevantes por la información que pueden aportar sobre el cambio climático, los primeros pobladores de América —en particular en la península de Yucatán— y de las manifestaciones materiales de la ritualidad maya. Ello sin considerar los datos que también se obtienen sobre la hidrogeología de esta zona. El cráneo humano se localizó cubierto por una capa de mineral endurecido, hallándose prácticamente completo y bien preservado por el equipo del GAM. El que se encontrara rodeado por estas concreciones, las cuales requieren de un goteo constante durante cientos de años, refiere que este elemento óseo estuvo expuesto en un ambiente seco antes de que subiera el nivel del agua en la cueva. De comprobarse mediante análisis arqueométricos la antigüedad del cráneo perteneciente a un hombre del periodo Precerámico, la cual podría rebasar los 10 mil años, “estaríamos ante un hallazgo único, en el contexto de la arqueología referente a los primeros pobladores de la zona”, expresó De Anda, también explorador de la National Geographic Society. Al respecto, el grupo de geólogos encabezado por el especialista Alesandro García Arriola, explica que el hecho de que el mineral, posiblemente aragonito, cubra un resto óseo humano, le confiere a este último, la capacidad de fungir como indicador cronológico del desarrollo de espeleotemas (formaciones de las cavidades), de manera que se puede determinar su época y correlacionar la línea de tiempo que siguió la ocupación de los primeros humanos en la península de Yucatán, con la de algunos eventos geológicos de formación de estos sistemas. El biólogo Arturo Bayona, responsable de los estudios medioambientales del proyecto GAM, advirtió que los análisis de muestras de agua del sitio donde se encuentra el cráneo, indican la posible alteración de las condiciones de preservación del material arqueológico sumergido, debido a los altos niveles de nitratos, fosfato, un pH ácido y detección de bacterias coliformes. La ubicación de un altar maya del periodo Posclásico Temprano (900-1200 d.C.), revestido todavía con estuco, fue otro de los resultados de las prospecciones hechas dentro de la investigación auspiciada también por el Banco de Desarrollo para América Latina, el Aspen Institute México, la Universidad Tecnológica de la Riviera Maya, la National Geographic Society y el Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto. Dicho altar, reportado por el explorador subacuático y miembro del proyecto GAM, Robbert Schmittner, resulta el mejor preservado de los hasta ahora reportados en el área y en sus relieves presenta figuras antropomorfas, zoomorfas y algunas abstractas. Sobresale el nivel de conservación del estuco que lo recubre casi en su totalidad y la ofrenda, que consiste en un gran fragmento de estalagmita (formación calcárea que los mayas vinculaban con la fertilidad) que permanece in situ. En la cueva, de la que se hace un modelo digital con base en trabajos de escaneo y fotogrametría, también se registraron diversas ofrendas cerámicas y modificaciones arquitectónicas, tales como muros y senderos de piedra. Los reconocimientos en trayectos circulares han resultado exitosos, anotó Guillermo de Anda. Las cavidades localizadas en el transecto antes citado siguieron deparando sorpresas al proyecto GAM, en una de ellas se observó la sección de una mandíbula de un ejemplar de megafauna, es decir, perteneciente a la última Edad de Hielo, con un antigüedad de por lo menos 10 mil años. Tal fragmento óseo, que al parecer pertenece a un gonfoterio, presentaba al menos cinco piezas dentales todavía articuladas. Se harán más estudios y una digitalización del resto de mandíbula para conocer mejor su morfología y confirmar si pertenece a ese proboscídeo ancestral. Un objeto a destacar dentro de los hallazgos registrados de este periodo, corresponde a una vasija maya, posiblemente del Posclásico Temprano (900-1200 d.C.), hallada completa a 500 metros de la entrada de una gran cueva inundada y a 10 metros de profundidad. Guillermo de Anda concluyó que “hasta el momento no se sabe de accesos cercanos a esta pieza cerámica, lo cual nos lleva a pensar que fue depositada cuando el nivel del agua era más bajo, durante alguna etapa de extremo estrés climático, ocasionado por una de las fuertes sequías documentadas por los paleoclimatólogos. Depósitos similares han sido registrados en otras zonas de la península de Yucatán, pero nunca a una distancia tan grande con respecto a la entrada”.