viernes, 25 de noviembre de 2016

LAS FRASES QUE INMORTALIZO PANCHO VILLA.

Al revolucionario Doroteo Arango, mejor conocido como “Pancho Villa”, sus muchos detractores lo acusaron de cuatrero, persona cruel y sanguinario, alejado de las causas populares, es obvio que tuvo muchos defectos, pero lo que es indudable, fue un excelente estratega militar.

Logró organizar el mas poderoso ejercito de la Revolución: La división del Norte, el cual fue determinante para la caída tanto de Porfirio Díaz, como de Victoriano Huerta, y contrario a las costumbres de la gran mayoría de los revolucionarios, era abstemio, y combatió tanto a las fuerzas Federales, como al alcoholismo, a tal grado que fusilaba a los borrachos que encontraba en su camino, aunque estos fuesen sus propios soldados.

Han pasado a la historia varias frases de él, unas terribles como: “Fusílenlo, después averiguamos”, pero otras memorables como:”A madero lo vi chico de cuerpo, pero grande de alma”. 

O las frases: “Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía”, o “La igualdad no existe, ni puede existir, es mentira que todos podamos ser iguales; hay que darle a cada quien el lugar que le corresponde”. 

Entre las frases mas memorables se encuentran: “Nadie hace bien lo que no sabe; por lo consiguiente nunca se hará República con gente ignorante, sea cual fuera el plan que se adopte”. 


La que yo considero mejor de todas las frases: “Primero pago a un maestro que a un general.” No cabe la menor duda, el siendo iletrado, sabía que la educación era indispensable para un mejor país.

jueves, 24 de noviembre de 2016

CONSERVACIÓN DE SITIOS CON ARTE RUPESTRE EN COAHUILA

El patrimonio rupestre es el que está hecho en o con las rocas. En Coahuila, el cien por ciento de los vestigios arqueológicos es de este tipo y su conservación requiere de estrategias específicas porque forma parte del entorno natural de profundas cañadas o lugares aislados en el desierto; ante el reto que conlleva su protección, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) consideran que la herramienta fundamental es la difusión.
Así lo expresa Yuri de la Rosa Gutiérrez, investigador del INAH en dicho estado, quien explica que ante la imposibilidad de cercar cañones, sierras, valles desérticos y cuevas donde se encuentra disperso este tipo de manifestaciones culturales, el INAH-Coahuila desarrolla el Programa de Sensibilización del Patrimonio Arqueológico, dirigido a los ejidatarios que habitan en torno a los sitios y principalmente a la población infantil y juvenil.
La iniciativa comprende pláticas informativas, talleres y conferencias, así como la edición de materiales de divulgación para los niños, a través de los cuales se explica qué es el patrimonio arqueológico, las leyes federales que lo protegen, las características de los vestigios que se encuentran en Coahuila y su valor cultural. Sobre todo se busca concientizar a los adultos y cautivar a los infantes ―que son el sector más receptivo de la sociedad― para que sean aliados en la custodia de los sitios y colaboren para evitar actos de vandalismo, como la pinta de las rocas con manifestaciones culturales.
El programa comenzó en el municipio de Cuatro Ciénegas, donde se han realizado pláticas y talleres en los más de 30 ejidos que existen en la demarcación; asimismo, se tiene un programa permanente de actividades con las escuelas primarias y secundarias que incluye la visita a la Sala de Arqueología de la Casa de la Cultura Municipal, para que cada generación de estudiantes participe del conocimiento de su pasado.
Cuatro Ciénegas es el municipio de Coahuila que más visitas turísticas recibe por la rareza de su área natural protegida ―de humedales en una región desértica―, y es un paraíso para la ciencia por la diversidad de flora y fauna que la habita, comentó el arqueólogo. En la zona natural protegida existen pozas que, como los cenotes de la península de Yucatán, conducen a largos ríos subterráneos, incluso alguno de ellos con salida al vecino estado de Chihuahua, muchos de ellos imposibles de explorar por sus fuertes corrientes.
Pero además de la riqueza biológica, en el interior de la reserva, de suelo desértico, con espejos de agua de un azul cristalino, a la fecha se han descubierto 17 huellas fosilizadas de pisadas humanas de por lo menos 10,000 años de antigüedad, que corresponden a hombres adultos, niños y al parecer a mujer. Las improntas de Cuatro Ciénegas están consideradas dentro de los vestigios de presencia humana más antiguos del país, por eso es necesario involucrar a la población cercana que convive diariamente con el sitio, a fin de que lo valore y ayude en su conservación. En este lugar el INAH ha desarrollado un importante proyecto de investigación dirigido por la arqueóloga Leticia González Arratia.
Yuri de la Rosa calcula que en Coahuila se conocen alrededor de 200 sitios con patrimonio rupestre, pero advierte que debe haber muchos más, aún escondidos en las cumbres de la inmensa Sierra Madre Oriental y los extensos valles del desierto.
Pinturas y petrograbados plasmados en la matriz de la roca; cuevas mortuorias con entierros que guardan testimonios de la cosmovisión indígena; industria lítica empleada para la caza y actividades cotidianas; rastros de la colecta de plantas, frutos y semillas y de su procesamiento para obtener fibras vegetales, y artefactos de molienda, son algunos de los vestigios arqueológicos hechos de o en las rocas que se descubren andando los parajes de escarpados y cañadas.
Otros municipios de Coahuila donde se ha aplicado el Programa de Sensibilización del Patrimonio Arqueológico son: General Cepeda, Ramos Arizpe, Parras de la Fuente y Ocampo, al ser demarcaciones con sitios que tienen importantes concentraciones de manifestaciones rupestres.
El programa se ha extendido también a militares del Ejército Mexicano, como resultado de un trabajo conjunto con dicha institución y que forma parte de las acciones que lleva a cabo el INAH para la prevención del robo y tráfico ilícito de patrimonio cultural; la finalidad es que la milicia cuente con herramientas que le permitan identificar una pieza arqueológica, en caso de encontrarla en retenes o durante los rondines y cateos.
Yuri de la Rosa, quien desde hace 15 años investiga la región y ha registrado varios de los más de 100 sitios que se tienen conocidos hasta el momento en el estado, destacó que Coahuila es la tercera entidad más grande del país y la mayor parte de su territorio permanece virgen para la investigación, dado que la arqueología del norte es reciente y se ha explorado aproximadamente tres por ciento del territorio; el Centro INAH, por ejemplo, se creó en 1997 y antes de 2001 Cuatro Ciénegas no había sido investigado; en tanto, para un arqueólogo estudiar una sierra del estado es trabajo de una vida.
Entre los sitios arqueológicos rupestres que el INAH ha registrado en Coahuila están La Cueva Pinta, ubicada en el valle desértico El Sobaco, entre los municipios de San Pedro de las Colonias y Cuatro Ciénegas, donde se observan pinturas rupestres; El Hundido, con seis unidades arqueológicas; Cueva de la Candelaria, una de las cuevas mortuorias más importantes de México donde se hallaron más de 600 entierros humanos envueltos en fardos y acompañados de restos de bolsas y sandalias hechas con plantas procesadas con herramientas líticas, ejemplo de elaborados ritos mortuorios.
También se encuentran el sitio de huellas humanas fósiles impresas en la roca, en Cuatro Ciénegas; la cueva habitacional La Espantosa, con vestigios de uso doméstico, y Narihua, un extenso valle donde los petrograbados parecen florecer en la pendiente de un cerro. De acuerdo con el especialista del INAH, los sitios arqueológicos de Coahuila datan de diversas antigüedades, desde por lo menos hace 10,000 años a la época de colonización española, en el siglo XVIII.
Dirección de Medios de Comunicación, INAH
La milpa y las chinampas

Cuando un mexicano ve imágenes de los campos cultivados solamente con maíz en otros países, se admira de su belleza: plantas muy semejantes de aspecto y tamaño, en terrenos donde no crece otra cosa. Pero no debe envidiarlos, ya que aquí se desarrolló una de las técnicas agrícolas más sensatas y productivas del mundo, desde los puntos de vista ecológico y de seguridad alimentaria: la milpa. Esta forma de sembrar es tridimensional y la ejemplificaremos con una de sus formas más frecuentes. El eje vertical está formado por las plantas de maíz, donde se apoyan las enredaderas de frijol. Ahí comienzan los hechos notables: el frijol tiene en sus raíces conglomerados con bacterias capaces de tomar el nitrógeno del aire para formar aminoácidos y fertilizar la tierra. Además tanto la semilla de frijol como la de maíz carecen de algunos aminoácidos en cantidad suficiente para la dieta humana, pero su combinación culinaria los complementa. Por esta razón, un taco con frijoles o cualquier otra combinación es un platillo más nutritivo que si se comieran por separado.
En el piso de la milpa crecen las guías de las calabazas, cuyas hojas horizontales guardan la humedad y tienen sustancias capaces de controlar algunas plagas de insectos. De manera espontánea brotan en la milpa los quelites o hierbas comestibles silvestres, considerados una plaga en otras regiones, pero aprovechados aquí para enriquecer con sabores, texturas, olores y nutrimentos los platillos. En la periferia de la milpa se suelen sembrar chiles, cuyo papel no sólo es dar sabor y color a la comida, sino que además contribuyen al control de plagas. El generoso maíz ocasionalmente se infesta por un hongo de aspecto desagradable pero de exquisito sabor, el huitlacoche o cuijtlacoche.
Ante la abundancia de alimentos, llegan aves, mamíferos e insectos cuyo destino final puede ser también la cocina y que además agregan variedad a la dieta.
Una notable variante de la milpa es aquella que se siembra en chinampas. Para ello se aprovechan las orillas de lagos, ríos, zonas pantanosas, donde el agua es constante y relativamente quieta. Se construyen zonas elevadas, con forma rectangular, por arriba del nivel del agua, aprovechando la tierra del fondo de las aguas. Para lograr su estabilidad se siembran en su periferia los árboles conocidos como ahuejotes (Salix bonplandiana), cuyas raíces sostienen la tierra y cuyo follaje da sombra. Así, cada parcela queda rodeada por un canal por sus cuatro lados y se asegura la humedad constante. Esta técnica agrícola pervive en Xochimilco, pero en el pasado fue desarrollada en otros sitios de México. Con ella se pueden lograr hasta tres cosechas de maíz al año. Es uno de los sistemas de cultivo más eficientes del mundo, ideal para hacer autosuficientes a las familias, aunque cada vez está menos en uso.
En la historia de mexico se an escrito muchos errores. por la pluma extranjera, acontinuacion un video acargo del maestro ocelocoatl. es un gran error llamar PIRAMIDES a nuestros centros de Energia. El cual fueron comparados por los escritores de su tiempo y actuales, con las piramodes de Ejipto. el nombre de los grandes centros de energia se llaman TZAKUALLI. y puede recibir otro nombre dependiendo de la Energia y estructura,apartir de este nombre base.

Hallan en Chiapas la pirámide más alta y extensa de todo México

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estudian la pirámide más alta y extensa de todo México, hallada en el complejo arqueológico maya de Toniná, en el estado de Chiapas.

Tras dos años de arduo trabajo, los arqueólogos lograron arribar a esta conclusión, gracias al estudio que sobre el complejo realizaron con tecnología de mapa tridimensional, lo que permitió visualizar las partes de la antigua ciudad sepultadas bajo la tierra. Así, lo que antes se evidenciaba como un montículo de tierra natural, se reveló como una estructura piramidal construida por el hombre.

La pirámide tiene 75 metros de altura y forma parte de un complejo que se extiende sobre 16 hectáreas. La ciudad maya, de unos 1.700 años de antigüedad, es considerada una de las más extensas, sólo comparable a las de Bonampak, o Palenque.

SOBRE LOS MONSTRUOS HUMANOS QUE MOCTEZUMA CUIDABA EN LOS JARDINES DE TENOCHTITLAN.

Algunos escritos antiguos de grandes cronistas de la conquista nos han hecho saber de la existencia de concentraciones verdes destinadas a los animales y las especies exóticas y sagradas en la gran Tenochtitlán. Lugares con una fuerte carga de misticismo y ritualidad, dejándonos en claro que nuestros antiguos eran amantes y conocedores de su naturaleza. Y dentro de estas casas –creadas entre jardines y hermosos estanques– aguardaban las fieras, las aves, los peces, pero también los “monstruos”.
Nos dice Hernán Cortés, en sus Cartas de relación que el emperador Moctezuma mantenía “muchos hombres y mujeres deformes, enanos y jorobados […] cada forma de la monstruosidad tenía un lugar propio; y además había personas para cuidarlos”. A lo que Cortés se refería no era una prisión ni algo que se le pareciera, sino un extraordinario zoológico prehispánico que, a diferencia de la concepción moderna que hoy se tiene sobre estos sitios, fungía como una especie de espacio destinado al cuidado de estos seres vivos que se pensaban como sagrados. Los “monstruos”, como lo refería Cortés, eran personas; incapacitados que probablemente no hubiesen sobrevivido en el exterior; en una vida incierta, sin el cuidado necesario en estos santuarios.

La sacralidad de estas personas era tal que se les trataba mucho mejor que a los nobles guerreros capturados en la guerra. Decía Cortés, que el líder tlatoani tenía una casa con hermosos jardines y miradores, y dentro de ésta, “un cuarto en que tenía hombres y mujeres y niños blancos de su nacimiento en el rostro y cuerpo y cabellos y cejas y pestañas. Tenía otra casa donde tenía muchos hombres y mujeres monstruos, en que había enanos, corcovados y contrahechos, y otros con otras disformidades…”. Como bien advierte esta última cita, existían casas especiales que probablemente no se le pueda asimilar a ninguna otra especie de institución de hoy en día, ya que a estas “rarezas humanas” se les atribuían poderes sobrenaturales, como la capacidad de la videncia en los enanos, o los llamados “Hijos del Sol“, los albinos. 

Cada persona en la gran Tenochtitlán tenía un papel fundamental para que ésta funcionase.  A los enanos y jorobados les concernía el canto y el baile durante la comida del emperador que era diletante de esta artes. En la tipología sacrifical, por otro lado, los albinos eran ofrecidos al Dios Sol durante los eclipses, mientras que enanos y jorobados eran sacrificados tras la muerte de un sacerdote para que estos les acompañasen y sirviesen en el más allá. 

A pesar de lo poco creíble que pueda escucharse esta extraña sacralidad de nuestros antiguos con respecto a los que consideraban mitad humanos y mitad mensajeros del cielo, el respeto por ellos se hacía válido y los sitos destinados a su descanso, esos hermosos jardines con innumerables especies exóticas, eran en realidad santuarios.

PANCHO VILLA SE DECLARO PRESIDENTE DE MÉXICO….. EN BROMA

Durante la revolución, Zapata y Villa se encontraron en la Ciudad de México. Ahí, unieron fuerzas y determinaron estrategias. Estuvieron en una memorable comida en el aún existente (y famoso) restaurante san Ángel Inn, en el sur de la Ciudad. También fueron a Palacio Nacional, Ahí tuvo lugar una anécdota interesante para guardar en la memoria. Entrando al salón presidencial, al despacho del jefe del Estado y del gobierno, Villa y Zapata se toparon con “la” silla. Aquel mueble que simboliza mejor el poder central de nuestro país.

El general Villa no se aguantó. Fue y se sentó. Buen manejador de los medios como siempre lo fue, se mandó sacar una que otra fotografía, como “Presidente de México”. Zapata, como siempre modesto y humilde, se negó a seguir el ejemplo del Centauro del Norte, aunque éste insistiera en diversas ocasiones. De esta manera, el caudillo del sur nunca fue Presidente de la República, mientras que el dirigente de la División del Norte gozó por unos minutos, de ese privilegio.

Las procesiones en Mesoamérica

Susan Toby Evans
Se ha dicho que andar en procesión es implorar con los pies. Las procesiones son plegarias hechas paso a paso que trazan un sendero sagrado a través de un ambiente edificado y que hacen eco en las montañas, cuevas y manantiales circundantes. A su vez, la plegaria es un esfuerzo por aprovechar las fuerzas espirituales para hacer frente a necesidades humanas, conectarse con lo sagrado y controlar la naturaleza. Las procesiones son manifestaciones públicas de fervor y solidaridad, demostraciones de creencias individuales y colectivas, así como de obediencia a la autoridad, sea ésta humana o sobrenatural.
Las procesiones representan una experiencia universal en las culturas humanas. En la actualidad, pueden ser seculares o religiosas, en las que la mayor parte de la gente puede participar sólo como observadora, incluso a través de la televisión u otros medios de comunicación. Ya sea como participantes u observadores, en nuestra experiencia de las procesiones reconocemos y acrecentamos el sentido de solidaridad de la gente, y sentimos el poder de esta acción para trascender la voluntad y la conciencia individuales.
Los grandes sitios arqueológicos de México estaban bien adaptados para las procesiones, como lo han corroborado quienes han caminado por ellos o incluso examinado sus planos. Los monumentos principales, como pirámides y plataformas, están ubicados de tal manera que permiten perspectivas dramáticas para quienes se acercan a ellos. Murales, esculturas y crónicas de la época revelan la importancia de marchas y danzas a través de los centros ceremoniales. Sin embargo, el tema de las procesiones en el México antiguo no se ha explorado de manera sistemática. Los artículos de este número de Arqueología Mexicana demuestran la evidencia de procesiones diseminadas en el mundo precolombino y representan la primera colección de estudios de este importante fenómeno.
Las procesiones: forma y función
Cada uno de esos estudios presenta una cultura diferente y diversos tipos de evidencia. Todos revelan la importancia de expresiones colectivas de fe bajo la forma de procesiones. Andar en forma reverente por el espacio ritual formaba parte de la vida cotidiana para todos los miembros de la sociedad puesto que, aun en la casa, el altar familiar requería de una posición (o de ademanes) de fervor. Fuera de casa, la gente participaba en un paisaje público conformado por interacciones sociales, edificios y el entorno local modificado por el hombre. El hombre se desarrollaba en un entorno natural, que en México se caracteriza por diversas áreas ecológicas no muy lejanas entre sí y con climas extremos.
Aunque las procesiones son comunes en todo el mundo, son esenciales para culturas en las que los rituales se realizan casi sólo al aire libre, lo cual era común en la América indígena, donde los participantes integraban elementos importantes de los ambientes edificado y natural. La distinción entre culturas con actividad ritual al interior o al exterior es fundamental para entender los rituales del México antiguo a través de la arquitectura ceremonial y la modificación del paisaje. Si las ceremonias grandes y pequeñas se hacen habitualmente en el exterior, la interacción de los participantes con el paisaje visible está mediada, aunque no oculta, por el ambiente edificado. Y si ese paisaje visible es venerado, visto como animado por una energía espiritual, entonces las ceremonias conectaban a los celebrantes con esa energía, difundida por las efigies de las montañas y las calzadas bajo sus pies.
En el México antiguo, toda la gente participaba regularmente en danzas y procesiones rituales, como parte de pequeñas celebraciones locales y fiestas mayores. La gente se  desplazaba a través y alrededor de las plazas y barrios, y salía por sacbés y calzadas. No se necesita mucha imaginación para dar vida a estos paisajes edificados y naturales, animados por poderes espirituales. También podemos percibir claramente cómo el ambiente edificado se había diseñado para facilitar esa interacción espiritual. Los aspectos particulares del ambiente edificado –pirámides, avenidas– dirigen la atención a vistas específicas, estructurando así la relación entre el entorno inmediato y el paisaje sagrado. Cada procesión dependería de las condiciones propias de cada estación: clima, temperatura y luz.
Las procesiones introducen al devoto no sólo en un escenario cuidadosamente estructurado, sino también en las resonancias de movimiento y cantos rítmicos, así como en los sonidos de tambores, flautas, cuernos y silbatos. El escenario tal vez haya sido decorado con flores, follaje y textiles apropiados para la ocasión, complementado con fragancias y colores específicos asociados con diferentes sucesos. Otra contribución importante era la vestimenta, que agregaba más color y más sonido. Los trajes, tocados, alhajas y otros atavíos que caracterizaban a quienes participaban en la procesión eran parte del conjunto de símbolos que distinguían la ocasión; para el individuo serían parte de la experiencia sensorial del suceso, ya fuera como participante u observador.
Los participantes acumularían años de involucramiento, pues cada procesión sería una experiencia en sí misma y un ensayo para la siguiente. El grupo inmediato sería familiar y sus miembros individuales seguirían patrones de conducta acordes con las normas y las restricciones de la procesión. El papel y el rango exactos de cada miembro serían conocidos por todos los demás en el grupo, y permitirían estructurar el orden y la coreografía de la procesión. El grupo podía incluir a la comunidad o a una parte selecta: gobernantes, nobles de alto rango, sacerdotes, comerciantes, grupos de artesanos, o cofradías que celebraban a deidades específicas. Podían ser residentes de ciertos barrios, o clanes o linajes que proclamaban sus relaciones.
Las procesiones en la antigua vida mexicana
Nuestro conocimiento de las procesiones del México antiguo proviene de varias fuentes. La evidencia arqueológica incluye desde patrones regionales de asentamiento, planos de ciudades hasta pequeñas esculturas y vasos pintados. Las descripciones e interpretaciones de los cronistas del siglo xvi son esenciales para nuestra comprensión del tema, y podemos discernir un poco sobre él a partir de las prácticas tradicionales en los entornos culturales indígenas.
Los estudios presentados aquí recurren a diversas fuentes para abordar procesiones antiguas en muchas regiones y periodos. Sobre La Venta (Tabasco) se aborda la Ofrenda 4, una de las primeras expresiones de una procesión, que consiste en 16 figuras esculpidas en varias clases de piedra que miden sólo 20 cm de alto. La composición posiblemente es de 600 a.C.
Avanzando en el tiempo, nos encontramos con un rico registro arqueológico de procesiones en el Clásico (ca. 300-900 d.C.). Tumbas ancestrales eran cuidadas devotamente por familias de la elite de Oaxaca, donde las procesiones están registradas en murales. Teotihuacan, cuya disposición parece diseñada para el despliegue público de coreografías relacionadas con la fe y la fidelidad, cuenta con numerosos murales –del Clásico Temprano– que muestran seres humanos y animales en movimiento. Los caminos (sacbeob) de la cultura maya conforman un escenario para la representación procesional de la vida.
Las culturas indígenas del Occidente de México y los sitios antiguos revelan cómo los caminos del Clásico Tardío vinculaban asentamientos en actos ceremoniales. El estilo de construcción con columnas de La Quemada se empleó más tarde en Tula, donde las representaciones sobre banquetas del Palacio Quemado y otros puntos rememoran a los participantes de procesiones a través de esos espacios con columnas. En Chichén Itzá encontramos que esas procesiones fueron representadas sobre banquetas y murales. Por último, Tenochtitlan surge como un lugar de procesión central en un paisaje de agua y montañas.
Los rituales procesionales son comunes como demostraciones de fe, y son una forma atrayente de culto, que fascina a los espectadores y agrada –o por lo menos satisface– a los participantes. Son demostraciones masivas de fuerza y energía, particularmente impresionantes cuando la procesión es muy numerosa; los participantes van ataviados dramáticamente y realizan coreografías acompañados de cantos y música instrumental.
En el México antiguo, los que eran elegibles para participar en las procesiones lo hacían a partir de creencias profundamente arraigadas y de las fuertes presiones sociales para adaptarse a un plan establecido de la vida religiosa. Su mundo estaba vivo: montañas y cuevas, ríos y lluvia eran seres animados, y la gente creía que esta energía era compartida por pirámides y altares, canales, tocados de plumas ondeantes, corrientes de humo ascendentes, ornamentos resplandecientes: todo eso que los rodeaba disponía un campo de energía que debía recorrerse con reverencia.
Así pues, las procesiones representaban patrones de interacciones con la energía espiritual del ambiente, y cada vestimenta, canto y movimiento contribuía a canalizar esa energía. Todos esos aspectos se combinaban para crear una forma de plegaria que incluía movimiento, sonido y efectos visuales, así como una concentración mental sobre el objeto de la imploración. La vida ritual de las culturas antiguas de México cobraba vida en sus procesiones.
Nota: Las ideas principales de los artículos de Susan Toby Evans, Johanna Broda y Elizabeth Jiménez junto con Robert H. Cobean que vienen en este número, fueron expuestas previamente en conferencias dictadas en Society for American Archaeology (abril de 2014) y Dumbarton Oaks Research Library and Collection (octubre de 2014).
Susan Toby Evans. Catedrática de antropología en la Pennsylvania State University.

Tomado de:  Evans, Susan Toby, “Las procesiones en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 131, pp. 34 – 39.

ESCULTURAS HECHAS POR ÓRDENES DE MOTECUHZOMA XOCOYOTZIN


Durante su gobierno, Motecuhzoma emprendió grandes reformas religiosas. El pretexto fue una gran hambruna que habría asolado el altiplano, desde el principio de su reinado, en 1502, hasta 1506. Así, Motecuhzoma aprovechó esta circunstancia para cambiar la fecha de la gran fiesta “secular” del Fuego Nuevo. Normalmente, ésta tenía lugar cada año 1 conejo, aniversario de la creación de la Tierra y del nacimiento de la primera luz, Venus. La “atadura de años” pasó pues al año siguiente, 2 caña, y, al mismo tiempo, se mudó de ochpaniztli - mes en el cual se reactualizaba la creación de la Tierra y el nacimiento de Venus- a panquetzaliztli, gran fiesta del Sol Huitzilopochtli, quien nació en el Coatépec en ¡2 caña! Esto representaba la continuación de los esfuerzos sistemáticos de los mexicas para sustituir por su propia deidad a la Serpiente Emplumada, Quetzalcóatl. Además, esta reforma era una conmemoración del inicio de la guerra sagrada que había ocurrido 52 años atrás, para el tlatoani se trataba de una magnífica oportunidad para avivar esta guerra. Un monumento bien conocido, el llamado Teocalli de la Guerra Sagrada, da testimonio de ello, y es sólo uno de los múltiples ejemplos de la campaña de propaganda organizada con ocasión de su reforma de 1506.

Pueden asignarse al reinado de Motecuhzoma, o Señor Enojado, otras realizaciones artísticas muy importantes, sobre todo, a mi juicio, la Piedra del Sol, que también constituye un extraordinario tratado teológico. Se trata de un relieve en que se representa al Sol bajo todos sus aspectos. Destacan también las colosales vasijas conocidas como cuauhxicalli, las cuales tienen forma de águila y tigre, y las grandes estatuas de la diosa Tierra llamadas Coatlicue y Yollotlicue, las que por su gran riqueza ideológica también pueden asignarse a este momento.

Tomado de Michel Graulich, “Motecuhzoma Xocoyotzin, un gran reformador” Arqueología Mexicana, Núm. 51, pp. 74-79.